“Traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios.” 2ª Timoteo 3:4 (RVR1960)
Este versículo describe el carácter de aquellos que, en los últimos tiempos, serán amantes de los placeres terrenales en lugar de buscar a Dios.
La exégesis del pasaje nos muestra cómo las personas, al dejarse llevar por los deseos egoístas y placeres pasajeros, terminan apartándose de los principios de mayordomía que Dios nos ha establecido. En lugar de vivir como administradores fieles de lo que Dios nos ha dado, optan por traicionar la verdad y volverse hacia lo mundano.
La palabra «traidores» proviene del griego “prodótai”, que se refiere a aquellos que son desleales o traicioneros. Este término en el contexto de la mayordomía nos invita a reflexionar sobre la importancia de la fidelidad en la administración de los recursos que el Señor nos confía.
Como siervos de Cristo, debemos ser leales a Su mandato, reconociendo que todos los bienes, ya sean materiales o espirituales, provienen de Él.
«Impetuosos«, del griego “propetes”, se refiere a alguien que actúa con precipitación, sin reflexión. Esto se relaciona con decisiones financieras apresuradas y mal consideradas que no honran al Señor.
Un administrador sabio consulta al Señor en todas las decisiones que toma, sabiendo que Su provisión debe ser usada con responsabilidad.
La palabra «infatuados» en griego es “tuphóō”, que significa estar cegados por el orgullo o la arrogancia. Esto nos advierte sobre el peligro de la autosuficiencia y el orgullo en el manejo de los bienes del Señor.
Como ministros de Su gracia, no podemos caer en la trampa de pensar que nuestras habilidades o esfuerzos nos proveen, sino que debemos reconocer que Jesucristo es la fuente de todas nuestras riquezas.
Finalmente, «amadores de los deleites«, en griego “philedonoi”, describe a aquellos que buscan el placer personal por encima de su devoción a Dios. En la mayordomía financiera, este principio se traduce en evitar la idolatría del consumo y el materialismo, para vivir con un corazón generoso hacia los demás.
Un versículo que apoya este principio es Hebreos 13:5: «Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis; porque él mismo ha dicho: No te dejaré ni te desampararé.» Este pasaje refuerza la importancia de confiar en la provisión de Dios y evitar el deseo desmedido de los placeres terrenales que nos apartan de Su propósito para nuestras vidas como mayordomos.
Un ejemplo práctico de esto sería cuando recibimos un aumento de salario o un ingreso inesperado. En lugar de apresurarnos a gastarlo en placeres efímeros, podemos buscar primero la dirección de Dios en oración y considerar cómo esos recursos pueden ser usados para Su gloria.
Tal vez sea una oportunidad para ayudar a alguien necesitado o para invertir en el ministerio del Señor, demostrando que valoramos Su Reino más que los deleites temporales de este mundo.
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En resumen, este pasaje nos invita a vivir de manera que nuestras decisiones financieras reflejen nuestra devoción a Dios.
Como administradores fieles de los recursos del Señor, debemos evitar la tentación de buscar los placeres y deseos egoístas.
En su lugar, nuestra mayordomía debe estar marcada por la fidelidad, la humildad y el contentamiento en Cristo, reconociendo que todo lo que poseemos viene de Su mano, y debemos usarlo para glorificar Su nombre.

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