Anabaptistas Radicales

El 25 de mayo de 1535, tras más de un año de asedio, el ejército del obispo católico romano de la ciudad logró penetrar en Münster, capturando y matando a los anabaptistas radicales que habían tomado el control de la ciudad.

Este evento fue el clímax de uno de los episodios más dramáticos y controvertidos de la Reforma Protestante.

Los anabaptistas, liderados por figuras como Melchoir Hoffman y luego Jan Matthys, creían fervientemente en una profecía que anunciaba el inminente regreso de Cristo.

Según esta profecía, solo los verdaderos cristianos que se encontraran en Münster serían salvados.

Hoffman predijo que Cristo volvería en 1533, y que la ciudad de Estrasburgo sería el Nuevo Jerusalén, sin embargo, cuando la profecía no se cumplió, la visión se adaptó y se centró en Münster, que se consideraba un refugio para los santos en los tiempos finales.

Jan Matthys, discípulo de Hoffman, asumió el liderazgo de los anabaptistas en Münster. Bajo su influencia, los anabaptistas se hicieron con el control de la ciudad en 1534.

Matthys y sus seguidores instauraron un régimen teocrático, proclamando la ciudad como el Reino de Sion y atrayendo a numerosos creyentes de toda Europa, sin embargo, su gobierno rápidamente se tornó despótico y extremo.

Durante el asedio, la situación dentro de Münster se deterioró rápidamente. Los anabaptistas implementaron una serie de innovaciones radicales y a menudo desconcertantes.

Una de las más controvertidas fue la introducción de la poligamia, justificada por una interpretación literal de ciertos pasajes bíblicos y por la necesidad de mantener la población anabaptista.

Matthys y su sucesor, Jan van Leiden, tomaron múltiples esposas, y esta práctica se extendió entre los líderes anabaptistas. Mientras los líderes disfrutaban de excesos y privilegios, la población general de Münster sufría terriblemente.

La ciudad, sitiada por las fuerzas del obispo Franz von Waldeck, enfrentaba una creciente escasez de alimentos y suministros. La desnutrición y las enfermedades se extendieron entre los habitantes, exacerbando el sufrimiento y la desesperación.

El asedio finalmente culminó el 25 de mayo de 1535, cuando las fuerzas del obispo lograron romper las defensas de la ciudad. La captura de Münster fue brutal; los líderes anabaptistas fueron arrestados, torturados y ejecutados públicamente.

Los restos de su régimen teocrático fueron desmantelados, y la ciudad volvió al control católico. Este episodio dejó una marca indeleble en la historia de la Reforma Protestante y en la percepción pública de los anabaptistas.

La represión brutal de los anabaptistas de Münster sirvió como una advertencia para otros movimientos radicales y reafirmó el poder de las autoridades religiosas y seculares en la lucha contra la disidencia religiosa.

La tragedia de Münster también subrayó los peligros del fanatismo y del liderazgo despótico, lecciones que resuenan a través de la historia.

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