Investiguemos cómo la administración bíblica de nuestras finanzas refleja la provisión adecuada de Dios, desafiando la idea de la escasez y enfocándonos en la sabiduría de su uso; la enseñanza bíblica pone de manifiesto la seriedad con la que debemos tratar la gracia de Dios.
El abuso de esta —entendida como el favor inmerecido que Dios brinda— es visto como un pecado de gran magnitud porque representa una falta de reconocimiento y una apropiación indebida de la benevolencia divina.
La gracia es un regalo, y como tal, debe ser recibido con reverencia y utilizado de acuerdo con la voluntad de quien lo otorga.
Al trasladar este principio al manejo de las riquezas, nos enfrentamos a la realidad de que cada recurso financiero que poseemos es parte de la gracia de Dios.
Malgastar o administrar mal dichos recursos es un acto que va en contra de la mayordomía bíblica, que nos insta a ser cuidadosos, prudentes y sabios en la gestión de Sus bienes, y riquezas.
El acto de malversar las riquezas se convierte en un abuso de la confianza que Dios ha depositado en nosotros como administradores de sus dones.
La percepción de escasez en nuestras vidas a menudo se atribuye a una falta de recursos, pero las Escrituras nos mandan a mirar más allá y considerar la posibilidad de que tal escasez es en realidad el resultado de una mala administración.
Esta perspectiva cambia el enfoque de lo que nos falta a cómo estamos manejando lo que tenemos; en lugar de mirar hacia afuera en busca de más, debemos mirar hacia adentro y preguntarnos si estamos utilizando nuestras riquezas actuales de una manera que honre a Dios y promueva Su voluntad.
Una administración deficiente es, en última instancia, una subestimación de la gracia y provisión de Dios. Al no administrar sabiamente las finanzas, estamos subvalorando el don que se nos ha dado administrar.
La administración adecuada de la riqueza es una forma de adoración y gratitud, una respuesta práctica a la generosidad de Dios que reconoce que todo lo que tenemos viene de Él y está destinado para su gloria y para el avance de Su reino en la tierra.


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