Compra de Alaska

El 18 de octubre de 1867 marcó un hito en la expansión territorial de los Estados Unidos con la compra de Alaska a Rusia por la suma de 7.2 millones de dólares, lo que equivalía a aproximadamente dos centavos por acre.

En ese momento, la adquisición fue vista por muchos como una compra irrelevante, y Alaska fue ridiculizada como “la locura de Seward” o “la nevera de Seward”, en referencia al entonces Secretario de Estado William H. Seward, quien negoció el tratado con Rusia. Sin embargo, esta compra tendría consecuencias significativas tanto para la historia de los Estados Unidos como para la vida moral y espiritual de quienes se asentaron en ese vasto territorio.

La Compra de Alaska: Contexto Histórico. Rusia había mostrado interés en vender Alaska debido a varias razones. A mediados del siglo XIX, mantener su colonia en América del Norte se había vuelto económicamente insostenible para el Imperio Ruso, particularmente después de la derrota en la Guerra de Crimea (1853-1856), que debilitó sus finanzas. Además, Rusia temía que, en caso de conflicto futuro con el Reino Unido, su colonia en América pudiera ser fácilmente capturada por los británicos, quienes ya tenían presencia significativa en la región circundante, como en la Columbia Británica.

La oferta de venta de Alaska fue bien recibida por William H. Seward, un firme defensor de la expansión territorial de los Estados Unidos. Seward veía en Alaska un área con gran potencial estratégico, económico y geopolítico, aunque no todos compartían su visión. Sin embargo, el acuerdo fue finalmente firmado el 30 de marzo de 1867 y la transferencia formal de territorio se realizó el 18 de octubre de ese año.

A pesar de las críticas iniciales, la compra resultó ser una de las más rentables en la historia de los Estados Unidos, especialmente con el descubrimiento de oro en el territorio a fines del siglo XIX y más tarde, de vastos recursos naturales como petróleo y gas.

La Administración Inicial de Alaska y Su Condición Moral. A pesar de la importancia geopolítica y económica de la adquisición, la administración del territorio de Alaska en sus primeros años fue negligente y problemática. Durante la primera década después de la compra, Alaska estuvo bajo una administración militar laxa, que no hizo mucho para establecer el orden o fomentar el desarrollo del territorio.

Las condiciones morales en las comunidades, particularmente en los asentamientos de colonos y cazadores de pieles, se deterioraron rápidamente. La falta de instituciones civiles sólidas, como escuelas e iglesias, contribuyó al aumento de la inmoralidad y el caos social.

En 1877, un soldado estacionado en Alaska describió la situación moral del territorio como desesperada. En una súplica que reflejaba la realidad espiritual del lugar, un soldado raso del ejército escribió: “Envíen a un pastor que pueda rescatar a un rebaño inmenso del error de sus caminos y reunirlos en el redil verdadero”. Esta declaración expresaba la urgente necesidad de orientación moral y espiritual en una región aislada y desatendida por las instituciones religiosas.

La Respuesta de Sheldon Jackson. La súplica de este soldado no pasó desapercibida, y en particular captó la atención de Sheldon Jackson, un misionero presbiteriano que dedicaría su vida al trabajo misionero en las regiones más remotas de los Estados Unidos. Jackson, oriundo de Nueva York, ya había pasado varios años trabajando en el Oeste estadounidense, donde se esforzó por llevar educación y la fe cristiana a las comunidades de colonos y nativos americanos. Con una ferviente pasión por expandir el alcance del evangelio y mejorar la vida de las personas, Jackson respondió al llamado desde Alaska.

A lo largo de las siguientes décadas, Sheldon Jackson se convertiría en una figura clave en la evangelización y desarrollo de Alaska. Fue pionero en la construcción de escuelas e iglesias en un territorio vasto y difícil de alcanzar. En una época en que las condiciones climáticas y geográficas extremas hacían que la labor misionera fuera particularmente desafiante, Jackson demostró un compromiso incansable con su misión. Recaudó fondos, organizó misioneros y luchó por la implementación de leyes mejores y más justas que beneficiaran tanto a los colonos como a los pueblos indígenas.

Jackson no solo veía su labor como una misión religiosa, sino también como un esfuerzo civilizador. Estaba profundamente convencido de que la educación y la fe cristiana eran la clave para transformar la sociedad de Alaska. Trabajó incansablemente para promover la alfabetización y la educación, especialmente entre las comunidades nativas de Alaska, que habían sido marginadas durante mucho tiempo. En este sentido, su trabajo no solo fue espiritual, sino también social y cultural, ya que buscó mejorar las condiciones de vida y abrir nuevas oportunidades para los habitantes del territorio.

Lucha por Mejorar las Leyes y Protección a los Nativos. Una de las mayores contribuciones de Jackson fue su papel en la protección de los derechos de los pueblos indígenas de Alaska. A lo largo de su vida, Jackson abogó por la justicia y el respeto de los derechos de los pueblos nativos, oponiéndose a las políticas gubernamentales que los perjudicaban. Su trabajo contribuyó a la creación de mejores leyes que protegieran a los pueblos nativos frente a los abusos, promoviendo la igualdad y el acceso a la educación para todos.

Sheldon Jackson también fue fundamental en la introducción de las escuelas misioneras en Alaska. A través de estas instituciones, no solo se enseñaban habilidades prácticas como la agricultura y la carpintería, sino también los principios de la fe cristiana. Jackson creía que la educación, junto con la fe, podía liberar a las personas del ciclo de pobreza y desesperación, ofreciéndoles un futuro más esperanzador. Su legado en la creación de un sistema educativo en Alaska dejó una huella duradera en la región.

Impacto Duradero. La labor de Sheldon Jackson en Alaska tuvo un impacto significativo a largo plazo. No solo fue responsable de la construcción de infraestructuras vitales como escuelas e iglesias, sino que también plantó las semillas de un cambio social y moral en el territorio. Su obra estableció las bases para la transformación de Alaska en un lugar más estructurado y organizado, con una mayor integración de los valores cristianos y la justicia social.

En reconocimiento a su trabajo, varias instituciones en Alaska y otros lugares llevan su nombre, incluido Sheldon Jackson College, que fue fundado en Sitka, Alaska, en 1878. Aunque cerró en 2007, su legado en la educación y el desarrollo de la región perdura hasta el día de hoy.

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Conclusión. La compra de Alaska en 1867 fue un evento trascendental en la expansión de los Estados Unidos, pero su verdadero valor no se realizó plenamente hasta mucho tiempo después.

Los primeros años del territorio estuvieron marcados por una administración militar negligente que permitió el deterioro moral de las comunidades. Sin embargo, gracias a personas como Sheldon Jackson, la región experimentó un cambio espiritual y social significativo.

Jackson, con su celo misionero y su compromiso con la educación y la justicia, ayudó a transformar a Alaska en un lugar donde la fe cristiana y la mejora moral de la sociedad pudieran florecer.

Su legado como misionero y educador es un testimonio de la importancia del esfuerzo individual y el impacto duradero que la fe y la educación pueden tener en una comunidad.

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