El 25 de octubre de 431, en el Concilio de Éfeso, se destituyó a Nestorio, patriarca de Constantinopla, y en su lugar se nombró a Maximiano. Este evento fue crucial en la historia de la Iglesia, ya que abordó una controversia teológica significativa que tuvo repercusiones duraderas en la doctrina cristiana.
Nestorio, un teólogo y obispo de origen sirio, había adoptado y promovido una interpretación sobre la naturaleza de Cristo que sostenía que había dos personas distintas en el Cristo encarnado: una persona divina y otra humana. Su doctrina, conocida como nestorianismo, enseñaba que María era “Cristótokos” (madre de Cristo) pero no “Teotókos” (madre de Dios).
Eso implicaba que María solo había dado a luz a la naturaleza humana de Cristo y no a su naturaleza divina. El pensamiento nestoriano buscaba defender la trascendencia divina y evitar una mezcla indebida entre la humanidad y divinidad de Cristo. Sin embargo, al separar las naturalezas divina y humana en dos personas distintas, Nestorio fue percibido por muchos como alguien que negaba la verdadera unidad de Cristo.
El conflicto se agravó y se extendió, generando divisiones profundas en el seno de la Iglesia. Para resolver esta disputa, el emperador Teodosio II convocó el Concilio de Éfeso, el tercer concilio ecuménico de la historia de la Iglesia, donde se reunieron obispos de todo el Imperio Romano.
Bajo la dirección de Cirilo de Alejandría, el concilio se dedicó a analizar y juzgar las enseñanzas de Nestorio. Después de intensas discusiones y debates, el concilio concluyó que las enseñanzas de Nestorio eran heréticas, pues contradecían la doctrina de la encarnación y la unicidad de la persona de Cristo.
El concilio sostuvo la doctrina de que Cristo es una sola persona con dos naturalezas inseparables y sin confusión: la divina y la humana, unidas de manera que la humanidad de Cristo participa completamente de su divinidad.
En consecuencia, el concilio reafirmó el título de “Teotókos” para María, declarando que, al ser la madre de Cristo, ella también es madre de Dios en cuanto que dio a luz a la segunda persona de la Trinidad en su forma humana.
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Como resultado, Nestorio fue anathematizado, es decir, condenado y excomulgado, y se le destituyó de su cargo como patriarca de Constantinopla.
Para reemplazarle, el concilio designó a Maximiano, quien asumió el rol de patriarca y se comprometió a mantener la doctrina de la Iglesia en cuanto a la naturaleza y persona de Cristo, en línea con las decisiones tomadas en Éfeso.
La destitución de Nestorio y la decisión del concilio contribuyeron significativamente a establecer la doctrina cristológica que sería fundamental para la ortodoxia cristiana.


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