El 4 de noviembre de 1646, la Colonia de la Bahía de Massachusetts aprobó una ley que convertía en un delito capital negar que la Biblia era la Palabra de Dios. Este hecho histórico nos ofrece una mirada a la relación entre religión, ley y sociedad en la América colonial del siglo XVII, específicamente en una colonia marcada por profundas convicciones religiosas.
Los colonos puritanos que se establecieron en Massachusetts llegaron con una visión de establecer una “ciudad sobre una colina,” un modelo de sociedad cristiana ejemplar y ordenada según principios bíblicos.
Para dichos colonos, la Biblia no era simplemente un libro de referencia espiritual, sino la autoridad suprema en todas las áreas de la vida, incluyendo el gobierno, la justicia y la moralidad pública.
La visión de una sociedad guiada estrictamente por los preceptos de las Escrituras hizo que las leyes civiles y religiosas estuvieran profundamente entrelazadas.
La ley que declaraba como delito capital la negación de la Biblia como la Palabra de Dios reflejaba el temor de los puritanos a que cualquier desviación de esta creencia fundamental pudiera desestabilizar su proyecto social y espiritual.
La negación de la Biblia no era solo una ofensa personal o una cuestión de libertad de pensamiento; era una amenaza existencial a su comunidad entera. En sus mentes, si alguien rechazaba la autoridad de la Biblia, también rechazaba las normas y valores que sostenían su sociedad.
La Biblia era la base sobre la cual construían la educación, la conducta pública y las relaciones sociales, por lo tanto, la negación de su autoridad equivalía a poner en peligro el orden y la cohesión de la colonia.
Esta ley revela también la percepción puritana del pecado y el castigo. Los puritanos creían en una teocracia donde Dios tenía la autoridad última sobre las leyes humanas, y veían la apostasía (el rechazo de la fe cristiana) como una transgresión grave, equiparable a un delito que merecía una sanción extrema, como la pena de muerte.
Para los puritanos, la apostasía no era solo un error o una opinión, sino una rebelión contra Dios, lo que justificaba un castigo severo para disuadir a otros y preservar la pureza de la comunidad.
Esta medida, aunque extrema desde una perspectiva moderna, era coherente con las ideas teológicas y sociales de los puritanos, su ley reflejaba su convicción de que cualquier amenaza a la unidad religiosa debía ser controlada, incluso mediante castigos severos. Sin embargo, también refleja la tensión entre libertad individual y cohesión comunitaria, un dilema que persiste en la historia de los Estados Unidos y en muchas sociedades modernas.
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Con el tiempo, estas leyes serían objeto de crítica y revisión.
La experiencia de los colonos y la llegada de nuevos grupos con diferentes perspectivas religiosas llevaron a una mayor aceptación de la diversidad religiosa en las colonias.
Sin embargo, la ley de 1646 en la Colonia de la Bahía de Massachusetts es un ejemplo de cómo la religión y el gobierno pueden entrelazarse de tal manera que las creencias religiosas se convierten en la base misma de la legislación y la justicia en una sociedad.


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