“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” 2ª Timoteo 1:7 RVR1960
Este versículo subraya el carácter de los dones que Dios otorga a sus siervos, entre los cuales se encuentran la valentía, el poder, el amor y el dominio propio. Estos dones no solo nos equipan para enfrentar los desafíos espirituales, sino también para manejar con sabiduría y responsabilidad las riquezas del Señor.
Como administradores de los recursos que Dios nos confía, debemos hacerlo con el espíritu que Él mismo nos ha dado, uno que no está marcado por la cobardía ni el temor, sino por una actitud firme, amorosa y disciplinada.
Analizando las palabras clave de este versículo, comenzamos con «dado» (didomi en griego), que enfatiza la acción generosa de Dios al otorgarnos dones inmerecidos. Lo que poseemos no es por nuestros propios méritos, sino por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, quien es la fuente de todas las riquezas.
Como administradores, entendemos que cada bien material o recurso financiero es un regalo del Señor, y nuestro deber es usarlo para Su gloria, no para nuestro beneficio egoísta.
La palabra «poder» (dynamis), que se traduce como una fuerza efectiva, nos recuerda que Dios nos equipa con la capacidad de manejar sabiamente los bienes que nos ha confiado. Esta fuerza no es solo física o emocional, sino espiritual, permitiéndonos tomar decisiones financieras que reflejen la voluntad del Señor y Su propósito en nuestras vidas.
En Lucas 12:48, Jesús nos recuerda: «A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará.» Esto nos enseña que, como mayordomos, debemos administrar los recursos del Señor con diligencia y discernimiento, conscientes de que cada decisión financiera tiene repercusiones eternas.
El «amor» (agape), mencionado aquí, nos impulsa a utilizar los recursos de manera que honren a Dios y bendigan a los demás. Este amor desinteresado y sacrificial nos ayuda a recordar que nuestras finanzas no son solo para nuestro disfrute personal, sino para servir a la obra del Señor y a aquellos que nos rodean.
Como ministros de las riquezas de Dios, debemos actuar siempre con generosidad, como Jesús mismo lo hizo, dando sin esperar nada a cambio, conscientes de que todo lo que damos en Su nombre será recompensado en los cielos (Mateo 6:19-20).
Finalmente, «dominio propio» (sophronismos) es una palabra clave en la mayordomía financiera. Este término en griego se refiere a la capacidad de tener autocontrol, sobriedad y una mente disciplinada.
Como esclavos voluntarios del Señor, es esencial que usemos el dominio propio para evitar el malgasto, la avaricia o el endeudamiento imprudente.
El dominio propio en las finanzas significa establecer límites claros, planificar con sabiduría y ser conscientes de que, aunque el dinero es una herramienta, no debe dominar nuestras decisiones.
Proverbios 21:20 refuerza este principio: «Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa.» Este pasaje resalta la importancia de la prudencia y la planificación al manejar los recursos del Señor.
Un ejemplo práctico de este principio puede verse en la administración de un presupuesto familiar. Imaginemos a un mayordomo cristiano que, al recibir su salario mensual, establece prioridades claras: ofrendar primero, cubrir necesidades básicas y ahorrar para el futuro.
En lugar de gastar impulsivamente, este administrador practica el dominio propio, apartando recursos para ayudar a los demás y evitar deudas innecesarias.
En su vida diaria, refleja el poder de Dios al actuar con sabiduría, el amor al pensar en su familia y la comunidad, y el dominio propio al controlar sus deseos.
También le interesaría:
En resumen, el poder, el amor y el dominio propio que Dios nos ha dado son esenciales para manejar las finanzas de manera que honren al Señor.
Al aplicar estos principios en la vida diaria, podemos ser fieles administradores de las riquezas que Él nos confía, usando lo que tenemos para bendecir a otros y para cumplir con Sus propósitos en la tierra.
Como siervos de Dios, somos llamados a gestionar Su creación con integridad, autocontrol y un corazón dispuesto a dar, recordando siempre que lo que poseemos es temporal, pero el impacto de nuestras acciones es eterno.


Deja una respuesta