El 24 de febrero de 1582, el Papa Gregorio XIII emitió la bula papal Inter Gravissimas, instaurando un cambio significativo en la medición del tiempo en los países católicos.
Esta bula papal ordenaba que después del 4 de octubre de 1582, se debía seguir inmediatamente el 15 de octubre, eliminando así diez días del calendario para corregir el desfase acumulado en el calendario juliano respecto a los equinoccios. Además, estableció la adopción del calendario gregoriano, reemplazando al juliano, que había estado en uso desde su implementación por Julio César en el 46 a.C.
El calendario juliano no calculaba de manera precisa la duración del año solar, sobrestimándolo en 11 minutos y 14 segundos. Este error acumulativo había llevado a que, para el siglo XVI, el calendario se hubiera desplazado aproximadamente diez días respecto a los eventos astronómicos significativos como los equinoccios.
Dado que las fechas de importantes festividades cristianas, como la Pascua, estaban determinadas por estos eventos astronómicos, era crucial corregir este desfase para mantener la coherencia con las observancias litúrgicas.
El calendario gregoriano introdujo un sistema más preciso para calcular los años bisiestos, eliminando tres años bisiestos cada 400 años para alinearse mejor con el año solar.
Aunque inicialmente la reforma fue adoptada por los países católicos, con el tiempo, otras naciones, incluidas aquellas de tradiciones protestantes y ortodoxas, también adoptaron el calendario gregoriano debido a su mayor precisión.
Hoy en día, el calendario gregoriano es el sistema de medición del tiempo más ampliamente utilizado en el mundo, regulando no solo las observancias religiosas, sino también las actividades civiles y comerciales a nivel global.
La decisión de Gregorio XIII en 1582 fue, por tanto, un momento decisivo que ha tenido un impacto duradero en cómo la humanidad percibe y organiza el tiempo.

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