Serie: Finanzas Personales para Adolescentes
Un consejo para adolescentes de 13 años en adelante sobre Finanzas Personales
El Control de los Impulsos Financieros
En un mundo donde constantemente estamos rodeados de anuncios y ofertas que nos incitan a gastar, es fácil caer en la tentación de comprar cosas de manera impulsiva. Sin embargo, Dios nos llama a practicar la templanza y el autocontrol en todas las áreas de nuestra vida, incluyendo nuestras finanzas.
En Gálatas 5:22-23, la Biblia nos dice: Mas el fruto del Espíritu es… templanza. La templanza, o autocontrol, es la capacidad de decir «no» cuando somos tentados a actuar impulsivamente. Esto no solo se aplica a nuestras acciones, sino también a cómo usamos el dinero.
Aprender a controlar nuestros impulsos financieros es clave para manejar sabiamente los recursos que Dios nos ha dado. Por ejemplo, antes de comprar algo que deseas, tómate un momento para pensar: ¿Realmente necesito esto o es solo un deseo momentáneo?
Pregúntate también si esa compra te ayudará a honrar a Dios y ser un buen administrador de lo que Él te ha dado. Practicar este tipo de reflexión antes de gastar te ayudará a evitar arrepentimientos futuros y a tomar decisiones más sabias.
Cuando desarrollamos el hábito de controlar nuestros impulsos, no solo ahorramos dinero, sino que también crecemos en carácter y madurez espiritual.
Nos volvemos más fieles en cómo administramos lo que Dios nos confía, mostrando que valoramos Su provisión y que estamos comprometidos a usar nuestros recursos de manera responsable.
Controlar los impulsos financieros también nos ayuda a enfocarnos en lo que verdaderamente importa en la vida, como nuestras relaciones con los demás y nuestra comunión con Dios.
También le interesaría:
Si nos dejamos llevar por el deseo de gastar sin pensar, podemos perder de vista las prioridades que Dios nos ha dado.
Al practicar el autocontrol, estamos mostrando que no dependemos de las cosas materiales para nuestra felicidad, sino que confiamos en Dios para proveer todo lo que realmente necesitamos.
Así, honramos a Dios no solo con nuestras palabras, sino también con nuestras acciones y decisiones diarias en el manejo del dinero.


Deja una respuesta