El Costo de Seguir a Jesús

Cuando Jesús habla del costo de seguirlo y las referencias bíblicas al sacrificio y la renuncia, se está refiriendo al discipulado y a la vida cristiana en este mundo.

La gracia de Dios hace posible la salvación sin mérito humano (Efesios 2:8-9), pero aceptar esa gracia implica un cambio en la vida de una persona, un giro hacia Dios que se manifiesta en seguir a Jesús.

Esto puede llevarnos a desafíos, sacrificios y decisiones difíciles porque seguir a Jesús a menudo significa tomar un camino contrario a las normas y valores del mundo.

Por lo tanto, aunque la salvación es un regalo de gracia que no se puede ganar, la llamada a seguir a Cristo implica un compromiso personal y práctico con Él, que tiene un costo en términos de renuncia personal y cruzar en este mundo.

Este “costo” no es el precio de la salvación, sino una consecuencia de vivir una vida transformada por la gracia de Dios, buscando alinear la propia vida con la voluntad de Dios y los ejemplos de Jesús.

La salvación por gracia, entonces, libera a los creyentes para vivir de manera sacrificial y comprometida, no como una forma de ganar la salvación, sino como una respuesta a la gracia recibida.

Para complementar este entendimiento sobre el costo del discipulado y la vida cristiana en el contexto de la gracia de Dios, aquí tienes algunos versículos bíblicos relevantes:

Lucas 9:23-24: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará”.

Mateo 10:37-39: “El que ama a padre o madre más que a mí no es digno de mí; y el que ama a hijo o hija más que a mí no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”.

Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

Romanos 12:1-2: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Filipenses 1:21: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”.

1ª Pedro 2:21: “Pues para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”.

Estos versículos enfatizan la idea de que seguir a Cristo implica negarse a uno mismo, tomar la propia cruz y vivir una vida que refleje los valores del reino de Dios, en contraposición a los del mundo.

A través de la gracia de Dios, somos llamados a una vida de fe y obediencia, lo cual puede requerir sacrificio y renuncia, pero al mismo tiempo, ofrece un propósito y una esperanza eternos.

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