“Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.” Lucas 14:12, 14 (RVR1960)
En el pasaje de Lucas 14:12-14, la palabra griega que se traduce como “recompensar” o “recompensado” proviene de la raíz “ἀνταποδίδωμι” (antapodidōmi), que se puede traducir literalmente como “devolver”, “pagar a cambio” o “recompensar”. Este término se utiliza en el contexto bíblico para referirse a la recompensa o la compensación que se recibe a cambio de algo.
En el versículo 12, el contexto sugiere no invitar a aquellos que pueden devolver la invitación, lo cual implicaría una especie de recompensa o compensación social.
En el versículo 14, el uso de “ἀνταποδίδωμι” (o una variante de esta palabra) se refiere a la recompensa que no puede ser proporcionada por los invitados pobres, cojos, etc., pero que será dada por Dios en la resurrección de los justos. Aquí, la recompensa es de naturaleza espiritual y eterna, en contraste con las recompensas temporales y terrenales.
Este pasaje en su contexto bíblico ofrece una enseñanza espiritual profunda. Jesús insta a practicar la generosidad y la hospitalidad no con el fin de obtener una recompensa terrenal, como podría ser el reconocimiento social o la devolución del favor por parte de amigos, familiares o vecinos ricos. En cambio, sugiere invitar a aquellos que no pueden ofrecer nada a cambio —los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos— como un acto de pura benevolencia y compasión.
La enseñanza va más allá del gesto literal de invitar a personas desfavorecidas a una comida; implica una exhortación a vivir una vida de auténtica generosidad, mirando más allá de las recompensas materiales o temporales.
El verdadero acto de -dar- según este pasaje, debe ser desinteresado, buscando beneficiar a aquellos que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad o necesidad sin esperar nada a cambio.
Además, el pasaje enfatiza que la verdadera recompensa para aquellos que actúan de esta manera altruista vendrá en la “resurrección de los justos”, lo que apunta a una recompensa espiritual y eterna en lugar de una ganancia temporal.
Este mensaje refleja valores centrales del cristianismo como el amor al prójimo, la compasión, y la importancia de las acciones altruistas como reflejo de la fe y como camino hacia la bendición espiritual.
Nuestra dádiva debe ser desinteresada, como un acto de generosidad, sin buscar recompensas alguna a cambio, sabiendo en que nuestro Dios, que es la fuente de toda generosidad, deseará recompensarnos en la eternidad; que solo sea el espejo de la magnanimidad de nuestro Dios, refleje simplemente la vasta generosidad de nuestro Creador.


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