El Diezmo en Hechos 15 y 21

En los capítulos de Hechos 15 y 21 se discuten eventos críticos en la historia de la iglesia primitiva, destacando cómo el Concilio de Jerusalén abordó la cuestión de la aplicación de la Ley Mosaica a los nuevos creyentes, tanto judíos como gentiles.

Esta sección revela las tensiones y decisiones fundamentales que moldearon el nacimiento temprano del cristianismo y su separación de las prácticas y leyes judías, incluido el diezmo.

En Hechos 15, el debate surge cuando algunos creyentes judíos argumentan que los gentiles deben ser circuncidados y seguir la ley mosaica para ser salvos.

El Concilio de Jerusalén, dirigido por figuras clave como Santiago y Pedro, se convoca para resolver esta disputa. Pedro argumenta que Dios no hizo distinción entre judíos y gentiles, otorgando el Espíritu Santo a ambos sin la necesidad de la circuncisión o la observancia de la ley.

Finalmente, Santiago apoya esta visión y propone que no se impongan cargas adicionales a los gentiles, aparte de abstenerse de ciertas prácticas particularmente ofensivas para los judíos.

Sin embargo, esta decisión marcó una transigencia. Liberaba a los gentiles de la Ley Mosaica pero mantenía a los judíos cristianos bajo sus preceptos, incluidos los diezmos.

Esto reflejaba una división fundamental dentro de la iglesia primitiva: una facción mantenía fuertes lazos con las tradiciones judías y el templo, mientras que otra, liderada por Pablo, abogaba por una ruptura más radical con el judaísmo.

Avanzando a Hechos 21, vemos cómo estas decisiones previas comenzaron a manifestar sus consecuencias.

Pablo regresa a Jerusalén y es informado por Santiago de las acusaciones contra él: que enseñaba a todos los judíos entre los gentiles a abandonar la Ley de Moisés.

La práctica del diezmo, como parte de estas leyes, se convirtió en un símbolo de las tensiones entre mantener las tradiciones judías y adoptar una nueva identidad cristiana que trascendía las fronteras judías a través de la ofrenda secreta.

En los capítulos de Hechos 15 y 21, vemos una tendencia importante hacia la distinción entre las prácticas judías y las creencias de los cristianos gentiles, especialmente en lo que respecta a la observancia de la Ley Mosaica, que incluye el diezmo. Esta distinción sugiere que la adhesión a la ley mosaica, y por extensión el diezmo, no era vista como necesaria para la salvación o la identidad cristiana.

Además, la práctica del diezmo, como se describe en el documento, pertenecía específicamente al contexto del Antiguo Testamento y a la nación de Israel. La Ley Mosaica prescribía el diezmo como parte del sistema de soporte para los levitas y los sacerdotes, quienes no recibían una porción de tierra como las otras tribus de Israel.

Con el advenimiento del Nuevo Testamento, se estableció un nuevo pacto a través de Jesucristo, caracterizado por principios de fe y gracia más que por el cumplimiento estricto de la ley judía.

Este nuevo pacto enfatiza la ofrenda voluntaria motivada por el amor y la generosidad, en lugar de un mandato legal del diezmo.

En 2ª Corintios 9:7, por ejemplo, se exhorta a los creyentes a dar según lo que decidan en su corazón, no de mala gana o por obligación, reflejando un cambio hacia la generosidad voluntaria como expresión de la nueva vida en Cristo.

Por lo tanto, la enseñanza del diezmo como un requisito obligatorio para los cristianos no encuentra apoyo en el nuevo pacto, lo que sugiere que las iglesias no deberían enseñar el diezmo como una ley o requisito para los creyentes bajo el Nuevo Testamento.

En cambio, se promueve la contribución voluntaria y generosa, reflejando un corazón transformado por la gracia de Dios y no por el cumplimiento de una ley antigua.

Comparte en tus redes


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *