“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” Filipenses 4:8 (RVR1960)
Este versículo nos invita a centrar nuestros pensamientos y vidas en todo lo que agrada a Dios. En su contexto, Pablo está exhortando a los creyentes en Filipos a que sus vidas y pensamientos se conformen con los valores del Reino de Dios.
La exégesis de este pasaje revela que el apóstol pone gran énfasis en la transformación de nuestra mente, en cómo debemos ocuparnos en pensamientos elevados, dirigidos hacia la verdad, la justicia y la pureza que provienen del Señor.
Ahora, analizaremos algunas palabras clave del versículo en su idioma original, el griego, para extraer un principio relevante sobre la mayordomía financiera:
Verdadero (ἀληθῆ - alēthē): Esta palabra nos llama a centrarnos en lo que es real y genuino ante los ojos de Dios, alejándonos de cualquier falsedad. En el contexto de la mayordomía financiera, implica que nuestros tratos con los bienes y las finanzas deben ser siempre transparentes y basados en la verdad.
Como siervos de Cristo, debemos recordar que todo lo que administramos pertenece a nuestro Señor, por lo que debemos ser fieles a Su verdad y no buscar ganancias a través de engaños.
Honesto (σεμνά - semna): Este término se refiere a lo que es digno de respeto y honor. Como administradores de las riquezas del Señor, debemos manejar los recursos con integridad, sabiendo que somos responsables ante Dios. Ser honestos significa reflejar la naturaleza de Cristo en cada transacción, siendo fieles en lo poco y en lo mucho.
Proverbios 16:11 dice: “Balanza y pesas justas son del Señor; obra suya son todos los pesos de la bolsa.” Esta verdad subraya que toda justicia en nuestras finanzas es un reflejo de la justicia de Dios.
Justo (δίκαια - dikaia): La justicia es un atributo fundamental en la mayordomía financiera. Esta palabra nos recuerda que como ministros de las riquezas de Dios, estamos llamados a actuar con rectitud, sin favorecer el lucro deshonesto.
Debemos buscar el bien de los demás y asegurarnos de que nuestros recursos sean utilizados para promover la justicia en el mundo, siempre guiados por el Espíritu Santo.
Puro (ἁγνά - hagná): Esta palabra evoca la idea de algo sin mancha ni corrupción. En el contexto de las finanzas, debemos evitar cualquier forma de codicia o deseos impuros que puedan corromper nuestra administración.
Como esclavos voluntarios de Cristo, nuestra motivación no debe ser la acumulación de bienes terrenales, sino la pureza en nuestro corazón al manejar los recursos que Él nos confía.
Amable (προσφιλῆ - prosphilē): Lo que es amable es lo que promueve el amor fraternal y la bondad. Como mayordomos de las riquezas de Dios, debemos usar los recursos que Él nos da para bendecir a otros.
Nuestra administración debe reflejar el amor de Cristo, asegurándonos de que nuestras decisiones financieras edifiquen y promuevan la paz en nuestras relaciones.
De buen nombre (εὔφημα - euphēma): Lo que tiene buen nombre es digno de alabanza y respeto. Esto nos recuerda que nuestras decisiones financieras no solo impactan nuestra vida, sino que también son un testimonio ante los demás.
Como administradores de los bienes del Señor, debemos actuar de tal manera que las finanzas den un buen testimonio de Cristo en nuestras vidas, mostrando a otros Su generosidad y sabiduría.
Un principio clave que podemos extraer de este análisis es la importancia de la pureza e integridad en la administración financiera. Así como nuestros pensamientos deben ser puros y agradables a Dios, también nuestras decisiones financieras deben reflejar estos valores.
Como dice 1ª Corintios 4:2, «Ahora bien, se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel.» Ser fieles implica gestionar los recursos del Señor de manera que honremos Su soberanía sobre todas las riquezas.
Para ilustrar este principio, pensemos en una persona que recibe una herencia considerable. En lugar de usar todo el dinero para su propio placer, decide primero orar y buscar dirección en la Palabra de Dios, preguntando cómo puede usar esos recursos para bendecir a otros y glorificar al Señor. Al hacer esto, esta persona demuestra una mente enfocada en lo justo, puro y honesto, aplicando los principios de la mayordomía fiel.
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En resumen, aplicar estos principios en nuestra vida diaria significa ser conscientes de que cada decisión financiera que tomamos debe reflejar los valores de justicia, honestidad y pureza que provienen de Dios.
Como administradores de Sus recursos, debemos actuar con integridad, asegurándonos de que nuestras finanzas den buen testimonio y estén conforme con Su voluntad.
Al seguir estos principios, no solo honramos al Señor con lo que Él nos ha dado, sino que también mostramos al mundo que Jesucristo es la fuente de todas las riquezas, y nuestra misión es administrar Sus bienes con sabiduría y fidelidad.


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