El capítulo 11 de 2º Crónicas 31 relata cómo el rey Ezequías llevó a cabo una reforma religiosa en Judá, centralizando las prácticas del culto y restableciendo el diezmo para garantizar el sustento de los sacerdotes y levitas. Este capítulo 31 marca un momento crucial en la historia de Israel y refleja la interacción entre la autoridad religiosa y política.
Ezequías comenzó su reforma organizando a los sacerdotes y levitas en turnos para que pudieran realizar sus funciones de manera eficiente y continua. Esto incluía ofrecer holocaustos y ofrendas de paz, así como llevar a cabo tareas de ministerio, agradecimiento y alabanza dentro del templo.
El propio rey contribuyó con bienes de su hacienda para los holocaustos diarios, y también para los celebrados en días de reposo, nuevas lunas y festividades, tal como lo prescribía la Ley de Jehová.
Esta acción no solo muestra un liderazgo comprometido, sino que también establece un ejemplo de devoción y apoyo personal hacia el culto y sus funcionarios.
Ezequías mandó dar las porciones adecuadas a los sacerdotes y levitas, asegurando que pudieran dedicarse completamente a la Ley de Jehová sin preocupaciones económicas.
El rey corrigió la práctica de las ofrendas, reforzando la ley mosaica que estipula que un décimo de las producciones —agrícolas y ganaderas— debía ser entregado a los Levitas, quienes a su vez debían dar una décima parte de eso a los sacerdotes.
La respuesta del pueblo fue positiva y generosa, lo que se refleja en la gran cantidad de primicias y diezmos de granos, vino, aceite y otros productos que fueron llevados al templo.
Esta entrega no solo cumplía con el mandato real y religioso, sino que también refleja una revitalización del compromiso religioso y la fidelidad entre la población general.
Desde el tercer al séptimo mes, el pueblo formó montones de ofrendas, que impresionaron a Ezequías y a sus príncipes. Al ver la abundancia, bendijeron a Jehová y Su pueblo Israel, lo que demuestra que la obediencia a las leyes divinas trajo bendiciones tangibles.
Esta prosperidad fue confirmada por el sumo sacerdote Azarías, quien aseguró que desde que se empezaron a traer las ofrendas al templo, han tenido abundancia suficiente para satisfacer todas sus necesidades y aún sobrar.
Ante la gran cantidad de ofrendas, Ezequías ordenó preparar cámaras en la casa de Jehová para almacenarlas adecuadamente. Esto indica una gestión prudente y organizada de los recursos consagrados, garantizando que se mantuvieran en buen estado para su uso en el culto y para el sustento de los ministros.
Este capítulo no solo muestra la efectividad de la reforma de Ezequías, sino también cómo la implementación de políticas basadas en la Ley Mosaica y su cumplimiento por parte del pueblo podía llevar a una comunidad más próspera y piadosa.
El reestablecimiento del diezmo, en particular, sirvió como un medio para reinstaurar el orden y la prioridad de la vida religiosa en Judá, asegurando que aquellos dedicados al servicio de Jehová pudieran hacerlo sin distracciones terrenales.


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