George Whitefield

El 19 de noviembre de 1742, el renombrado avivador inglés George Whitefield escribió una carta en la que expresó una profunda exhortación espiritual, cargada de pasión y fervor por la vida devocional. En esta, él dijo:

“Plead His promises, be much in secret prayer, and never give God rest, till your soul is filled with all His fulness.”

Esta cita, traducida al castellano, dice:

“Aférrate a Sus promesas, dedícate abundantemente a la oración secreta, y nunca le des descanso a Dios hasta que tu alma esté llena de toda Su plenitud.”

Whitefield, como uno de los líderes más destacados del Gran Despertar, era conocido por su poderosa predicación y su énfasis en la importancia de una relación íntima y transformadora con Dios. Este extracto refleja algunos de los pilares de su teología y práctica espiritual, los cuales pueden ser analizados y comprendidos a mayor profundidad en los siguientes puntos:

“Aférrate a Sus promesas”. Whitefield instó a los creyentes a fundamentar su fe en las promesas de Dios reveladas en las Escrituras. Este acto de “aferrarse” implica no solo una confianza pasiva, sino una acción activa de recordar y proclamar lo que Dios ha dicho. Para él, las promesas de Dios eran el ancla del alma, especialmente en momentos de duda, tentación o sufrimiento. En Hebreos 10:23 se nos recuerda: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.” Whitefield llamaba a los cristianos a vivir con la certeza de que Dios cumple lo que promete, siendo Su fidelidad una fuente constante de esperanza y fortaleza.

“Dedícate abundantemente a la oración secreta”. La “oración secreta” hace referencia a la práctica de buscar a Dios en privado, lejos de las distracciones y las miradas de otros. Esta enseñanza tiene sus raíces en las palabras de Jesús en Mateo 6:6: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

Whitefield creía que la vida cristiana no podía sostenerse sin una comunión constante y sincera con Dios a través de la oración. La oración secreta no solo es un acto de devoción personal, sino también un medio por el cual el alma se alinea con la voluntad divina, encuentra consuelo en la presencia de Dios y es fortalecida por Su gracia.

“Y nunca le des descanso a Dios”. Esta frase, profundamente audaz, refleja una actitud de persistencia en la búsqueda de Dios. Está inspirada en pasajes bíblicos como Isaías 62:7, donde se nos dice: “Y no le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la tierra.”Whitefield alentaba a los creyentes a ser como Jacob, quien luchó con Dios diciendo: “No te dejaré, si no me bendices” (Génesis 32:26). Esta persistencia no implica molestar a Dios, sino demostrar una fe inquebrantable y una confianza absoluta en que Él responderá conforme a Su voluntad perfecta.

“Hasta que tu alma esté llena de toda Su plenitud”. La meta última de la búsqueda espiritual, según Whitefield, es que el alma del creyente sea colmada con la plenitud de Dios. Este concepto tiene ecos en Efesios 3:19: “Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” Esta plenitud no se refiere simplemente a un sentimiento de satisfacción, sino a una experiencia transformadora en la que el carácter, los deseos y las acciones del creyente reflejan la presencia de Dios en su vida.

Implicaciones prácticas para nosotros hoy. La exhortación de George Whitefield sigue siendo profundamente relevante. En un mundo caracterizado por la distracción y la superficialidad espiritual, sus palabras nos invitan a:

Vivir una fe arraigada en las Escrituras, confiando en las promesas de Dios como nuestra guía y esperanza.

Priorizar la comunión personal con Dios a través de la oración sincera, dedicando tiempo a cultivar una relación íntima con Él.

Ser persistentes en nuestra búsqueda de Dios, demostrando nuestra fe a través de una devoción constante.

Anhelar la plenitud de Dios en nuestra vida, dejando que Su amor y gracia nos transformen por completo.

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En conclusión, el llamado de Whitefield es un recordatorio de que la vida cristiana no es pasiva ni estática, sino una peregrinación activa hacia una relación más profunda y significativa con el Dios vivo. 

Al aferrarnos a Sus promesas, dedicarnos a la oración secreta y buscar Su plenitud con persistencia, podemos experimentar la riqueza de Su gracia y Su poder en nuestras vidas.

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