Jesús no prometió riquezas monetarias ni materiales, en cambio nos advirtió que enfrentaríamos persecuciones, oposiciones y tribulaciones. A lo largo de Su ministerio terrenal, dejó claro que el camino del discipulado no estaría exento de dificultades. En lugar de ofrecer una vida de comodidad material, Jesús nos llamó a una vida de sacrificio, servicio y dedicación al reino de Dios.
Advertencias sobre Persecuciones y Tribulaciones
Desde el principio de Su ministerio, Jesús fue franco acerca de las dificultades que enfrentarían Sus seguidores. En Juan 16:33, Jesús dijo: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» Aquí, Jesús no solo reconoce la realidad de la aflicción, sino que también ofrece consuelo al asegurar que Él ha vencido al mundo. Este versículo subraya que, aunque enfrentemos dificultades, podemos encontrar paz en Cristo.
Otro ejemplo se encuentra en Mateo 5:10-12, durante el Sermón del Monte, donde Jesús dijo: «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.» Aquí, Jesús nos llama a considerar la persecución como una bendición, sabiendo que nuestra recompensa en el cielo será grande.
La Advertencia contra las Riquezas Terrenales
Jesús también habló extensamente sobre los peligros de acumular riquezas terrenales y la importancia de buscar tesoros en el cielo. En Mateo 6:19-21, Jesús dijo: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino hacéos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.»
Este pasaje es fundamental para entender la perspectiva de Jesús sobre las posesiones materiales. Nos advierte que las riquezas terrenales son temporales y pueden ser destruidas o robadas. En cambio, nos insta a buscar tesoros en el cielo, que son eternos e incorruptibles. La verdadera riqueza, según Jesús, no se mide en términos materiales, sino en términos espirituales y eternos.
Nuestra Verdadera Recompensa en el Reino de Dios
Jesús enfatizó que nuestra verdadera recompensa y seguridad se encuentran en el reino de Dios, no en las posesiones materiales. En Mateo 6:33, Jesús dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» Aquí, Jesús nos llama a priorizar el reino de Dios sobre todas las demás preocupaciones. Al hacerlo, Él promete que Dios proveerá para nuestras necesidades.
La parábola del hombre rico y Lázaro (Lucas 16:19-31) ilustra este punto de manera vívida. En la parábola, el hombre rico disfruta de lujos en la tierra, pero después de su muerte, se encuentra en tormento. En contraste, Lázaro, un mendigo que sufría en la tierra, es llevado al seno de Abraham, un lugar de consuelo. Esta parábola subraya que la riqueza terrenal no garantiza la bendición eterna y que nuestra verdadera recompensa está en el cielo.
El Ejemplo de Jesús
Jesús mismo es el mayor ejemplo de alguien que rechazó las riquezas materiales en favor de la misión de Dios. En 2 Corintios 8:9, Pablo escribe: «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.» Jesús dejó la gloria del cielo y vivió una vida de humildad y servicio en la tierra, mostrando que la verdadera riqueza se encuentra en el sacrificio y el servicio a Dios.
Conclusión
Jesús no prometió riquezas monetarias ni materiales a Sus seguidores. En cambio, nos advirtió que enfrentaríamos persecuciones, oposiciones y tribulaciones. Sin embargo, nos llamó a buscar tesoros en el cielo, enfatizando que nuestra verdadera recompensa y seguridad se encuentran en el reino de Dios. Al seguir Su ejemplo y Sus enseñanzas, aprendemos que la vida cristiana no se trata de acumular posesiones materiales, sino de vivir en servicio y devoción a Dios, confiando en que Él proveerá para nuestras necesidades y nos recompensará abundantemente en el cielo. Este enfoque no solo nos libera de la trampa de la avaricia y el materialismo, sino que también nos ayuda a desarrollar una relación más profunda y significativa con nuestro Creador.


Deja una respuesta