El 26 de septiembre de 1774 nació Jonathan Chapman, más conocido como Johnny Appleseed, una figura legendaria en la historia de Estados Unidos, que ha sido considerado pionero en el ambientalismo. Su vida y legado están profundamente conectados con la naturaleza y su esfuerzo por la distribución de semillas de manzana, pero también se distingue por una peculiar perspectiva teológica, influenciada por ideas no ortodoxas.
Chapman recorrió vastas regiones del país, desde los montes Apalaches hasta el Valle del Ohio, llevando consigo dos cosas que caracterizan su legado: semillas de manzana y textos bíblicos. A lo largo de su vida, Chapman no solo plantó miles de manzanos, sino que también difundió enseñanzas espirituales a las personas que encontraba en su camino.
Era un hombre profundamente religioso, aunque su teología era poco convencional, lo que la separaba de las corrientes dominantes del cristianismo en su época.
Su pensamiento estaba fuertemente influenciado por el Swedenborgianismo, un sistema de creencias basado en las enseñanzas del místico sueco Emanuel Swedenborg. Este movimiento enseñaba que el mundo natural estaba estrechamente vinculado al mundo espiritual, y promovía una empatía profunda con la naturaleza.
Según esta teología, la creación de Dios era sagrada y debía ser tratada con el mayor respeto. Para Chapman, esta conexión espiritual con la naturaleza no solo era una creencia abstracta, sino que la vivía diariamente a través de su trabajo con las plantas y los árboles.
Una de las doctrinas más notables que Chapman defendía era su rechazo al injerto de plantas, una práctica común en la agricultura, incluso en su tiempo. Según la creencia swedenborgiana que Chapman adoptó, el injerto de plantas era una forma de violencia que causaba sufrimiento a los seres vivos.
Pensaban que el proceso de injertar —unir ramas o esquejes de un árbol en otro— interfería con el orden natural de las plantas, lo que violaba la integridad espiritual de la creación. En lugar de adoptar estas prácticas comunes, Chapman prefería sembrar semillas directamente, permitiendo que los árboles crecieran naturalmente sin intervención humana.
Esta postura, que hoy podría verse como una forma primitiva de conservacionismo o ambientalismo, fue radical para su tiempo. En una época en la que la agricultura intensiva y la intervención humana en la naturaleza eran vistas como signos de progreso, Chapman se distinguió por su profundo respeto por los ciclos naturales y su creencia en la necesidad de cuidar la creación tal como Dios la había concebido.
Aunque muchas de las creencias de Chapman pueden parecer extrañas desde una perspectiva moderna, su mensaje sobre la importancia de la conexión entre el hombre y la naturaleza sigue resonando. En un momento en el que el medio ambiente está en crisis, las ideas de Chapman sobre el respeto por el mundo natural y su oposición a la alteración violenta de los ecosistemas parecen proféticas.
Chapman no solo es recordado por los millones de árboles de manzana que plantó, sino también por ser una figura pionera en la conciencia ambiental y el respeto por la naturaleza.
Johnny Appleseed ha quedado en la cultura popular estadounidense como un personaje peculiar para su época, y su legado va mucho más allá de la simple distribución de semillas de manzana. A través de su peculiar teología, su relación simbiótica con la naturaleza, y su rechazo a las prácticas agrícolas convencionales, Chapman dejó una huella en la forma en que entendemos nuestra relación con el mundo natural.
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En resumen, el 26 de septiembre de 1774 no solo marca el nacimiento de un hombre que llenó Estados Unidos de manzanos, sino también el de un pensador que, a través de su vida, plantó semillas de conciencia ambiental y espiritual que aún florecen en los debates contemporáneos sobre nuestra relación con la naturaleza.


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