El 24 de septiembre de 1757, Jonathan Edwards, considerado uno de los teólogos más brillantes de América y una figura clave en el avivamiento religioso conocido como el Gran Despertar, asumió el cargo de presidente del College of New Jersey, institución que más tarde sería renombrada como Universidad de Princeton.
Contexto de Jonathan Edwards y su relevancia. Jonathan Edwards nació en 1703 en East Windsor, Connecticut, y es conocido tanto por su erudición como por su fervor espiritual. Formado en la Universidad de Yale, Edwards se destacó por su dominio de la teología, la filosofía y la lógica, y se convirtió en una figura central del pensamiento religioso en las colonias americanas durante el siglo XVIII.
Su obra influyó profundamente en el desarrollo del pensamiento teológico calvinista en América, especialmente en lo que respecta a la soberanía de Dios y la incapacidad del ser humano para salvarse por sus propios méritos.
Edwards fue una de las principales figuras del Gran Despertar, un movimiento de avivamiento religioso que sacudió las colonias americanas en la década de 1730 y 1740. Este avivamiento llevó a un renovado interés por el cristianismo evangélico y a un enfoque en la experiencia personal de la conversión. Edwards fue un predicador influyente durante este tiempo, conocido por su sermón más famoso, «Pecadores en las manos de un Dios airado» («Sinners in the Hands of an Angry God»), en el que resaltaba la realidad de la justicia divina y la necesidad del arrepentimiento.
Presidencia en el College of New Jersey. En 1757, Jonathan Edwards fue invitado a convertirse en presidente del College of New Jersey, una institución académica fundada en 1746 que más tarde se convertiría en la prestigiosa Universidad de Princeton.
Aunque inicialmente dudoso de aceptar el cargo, debido tanto a su estado de salud como a su deseo de continuar su trabajo pastoral y académico, Edwards finalmente decidió asumir la responsabilidad.
Edwards sucedió a su yerno, Aaron Burr Sr., quien había sido el segundo presidente del College y había fallecido en 1757. La invitación para que Edwards tomara su lugar reflejaba no solo su fama como teólogo, sino también su reputación como un hombre de gran sabiduría y virtud.
Durante su breve mandato como presidente, aunque no pudo implementar grandes reformas debido a su corta permanencia en el cargo, la figura de Edwards trajo prestigio y peso intelectual a la institución.
Su visión de una educación profundamente arraigada en los principios bíblicos y en la teología reformada calvinista ayudó a cimentar los fundamentos sobre los cuales Princeton se erigiría como una de las universidades más respetadas de Estados Unidos.
Enfermedad y muerte. Tristemente, Jonathan Edwards no pudo disfrutar mucho tiempo de su nuevo cargo. Poco después de asumir la presidencia, fue inoculado contra la viruela, un procedimiento que en ese tiempo se consideraba experimental pero necesario debido a la prevalencia de la enfermedad.
Desafortunadamente, la inoculación no tuvo el efecto esperado y, debilitado por la reacción, Edwards contrajo una infección secundaria que rápidamente deterioró su salud.
Falleció el 22 de marzo de 1758, a la edad de 54 años, tras servir solo seis meses como presidente del College of New Jersey. Sus últimas palabras reflejaron su profunda fe y confianza en la soberanía de Dios.
A su muerte, dejó un legado teológico monumental que sigue influyendo en el cristianismo evangélico hasta el día de hoy. Su esposa, Sarah, también falleció poco después de él.
Legado duradero. Aunque su tiempo como presidente fue breve, el impacto de Jonathan Edwards en la teología y la educación en América fue profundo y duradero. Su obra teológica sigue siendo estudiada en seminarios y universidades, y su vida ejemplifica la búsqueda apasionada de la gloria de Dios.
Edwards es recordado no solo como un académico, sino también como un pastor y predicador que se preocupó profundamente por la conversión y el bienestar espiritual de su comunidad.
La Universidad de Princeton, que en el momento de su presidencia era una institución pequeña pero de creciente influencia, más tarde se convertiría en una de las universidades más prestigiosas del mundo.
Aunque la universidad se ha diversificado en términos de su enfoque académico, las bases teológicas y educativas que Edwards y otros líderes tempranos establecieron en sus comienzos influyeron significativamente en su desarrollo.
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En resumen, Jonathan Edwards es, sin duda, uno de los pilares del cristianismo en Estados Unidos, y su breve presidencia en el College of New Jersey es un recordatorio de su compromiso con la educación cristiana y la teología reformada, así como de su influencia perdurable en la iglesia y la academia.
El 24 de septiembre de 1757 marca un momento clave en la vida de Edwards, donde asumió un rol de liderazgo académico que, aunque breve, sigue siendo un punto importante en su vida y legado.


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