Juan Calvino huye de Paris

El 2 de noviembre de 1533 marca un punto crucial en la vida de Juan Calvino y en el desarrollo de la Reforma Protestante. En esta fecha, bajo la creciente presión de las autoridades católicas, Calvino se vio obligado a huir de París en circunstancias dramáticas y arriesgadas.

Calvino, quien por aquel entonces ya había comenzado a destacar como pensador y reformador, se encontraba cada vez más bajo sospecha debido a sus ideas teológicas, las cuales desafiaban los fundamentos de la religión católica de su época.

Calvino era un joven erudito, educado en teología y derecho, que había experimentado una profunda conversión religiosa en los años previos. A medida que sus ideas sobre la Reforma de la Iglesia y su rechazo a ciertos dogmas católicos crecían, también aumentaba la vigilancia sobre él por parte de las autoridades.

La situación llegó a un punto crítico cuando, en 1533, su amigo y colega Nicolas Cop pronunció un discurso en la Universidad de París que abogaba por la Reforma y la libertad del Evangelio, ideas que rápidamente se asociaron con Calvino. Esto provocó un gran escándalo en la ciudad y llevó a una serie de represalias contra los simpatizantes de la Reforma, entre ellos, Calvino mismo.

La situación era tan peligrosa que Calvino decidió escapar de París. Sin otra salida, optó por descolgarse por una ventana utilizando una cuerda improvisada hecha con sábanas, simbolizando un acto de entrega total a la providencia de Dios y al llamado que sentía en su vida.

Para burlar a sus perseguidores, Calvino se disfrazó de campesino, completando su disfraz con una azada sobre el hombro, un detalle que muestra su agudeza y habilidad para adaptarse a las circunstancias.

Con el alias de “Martianus Lucianius”, inició un viaje hacia un lugar seguro, logrando llegar a Basilea, una ciudad reconocida por su relativa tolerancia hacia las ideas reformistas.

Basilea se convirtió en un refugio temporal para Calvino, donde encontró un ambiente más seguro y receptivo para estudiar, escribir y desarrollar sus ideas. Fue aquí donde empezó a trabajar en su obra magna, “Institución de la Religión Cristiana”, un libro que serviría como uno de los pilares teológicos de la Reforma y que explicaría los fundamentos de la fe protestante.

Sin embargo, a pesar de la tranquilidad que le ofrecía Basilea, Calvino no se contentó con permanecer en la seguridad de una vida tranquila. Sentía un llamado más profundo: el de llevar el mensaje del Evangelio reformado a donde fuera necesario, aun a riesgo de su vida.

Durante los tres años siguientes, Calvino continuó su vida como un evangelista fugitivo, predicando y difundiendo las ideas de la Reforma en diferentes lugares de Europa. Fue un periodo de constante peligro y de incertidumbre, pero su determinación no flaqueó.

Calvino estaba convencido de que estaba cumpliendo la voluntad de Dios al llevar el mensaje de la fe reformada y de la salvación por gracia.

Finalmente, en 1536, Calvino se estableció en Ginebra, una ciudad que se convertiría en el epicentro de sus actividades y en un lugar clave para la Reforma Protestante. En Ginebra, Calvino encontró un campo fértil para sus enseñanzas y una comunidad que, aunque inicialmente dividida, finalmente se unió en torno a sus ideales reformistas.

Desde allí, Calvino transformó a Ginebra en un modelo de ciudad reformada, con un sistema eclesiástico basado en sus principios y una comunidad comprometida con vivir conforme a la Palabra de Dios.

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La huida de Calvino de París y sus años como evangelista fugitivo simbolizan la dedicación inquebrantable que tenía hacia su fe y su misión.

Su vida y obra no solo influyeron en su tiempo, sino que dejaron un legado que perdura hasta hoy, inspirando a generaciones de cristianos comprometidos con la pureza del Evangelio y la soberanía de Dios en todas las áreas de la vida.

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