En el contexto de la administración bíblica de las finanzas, podemos comprender y aplicar los principios que la Biblia enseña sobre el dinero, tales como la generosidad, la honestidad en los negocios, el evitar la deuda, el ahorro prudente, y la confianza en la provisión de Dios.
Estos principios nos guían hacia una gestión financiera sabia y alineada con los valores del reino de Dios, sin embargo, similar al entendimiento de la gracia divina en la transformación del corazón, el conocimiento y aplicación de estos principios por sí solos pueden no ser suficientes para vivirlos de manera que glorifique a Dios plenamente.
La gracia de Dios actúa en nosotros no solo para entender estos principios bíblicos, sino también para transformar nuestras actitudes y motivaciones respecto al dinero y las posesiones.
Nos permite vivir estos principios no como una carga o un simple deber, sino como una respuesta gozosa y agradecida a la generosidad de Dios hacia nosotros.
La gracia nos mueve a usar nuestros recursos para Su gloria, impulsándonos más allá del cumplimiento externo hacia una profunda transformación de cómo vemos y utilizamos el dinero en nuestra vida diaria.
Además, la gracia de Dios no opera de manera aislada del conocimiento bíblico; más bien, trabaja a través de las Escrituras para iluminar nuestra mente, convencer nuestro corazón, y empoderar nuestra voluntad.
Esto significa que mientras más profundamente entendamos la Palabra de Dios y sus principios sobre el dinero, más plenamente podremos vivir bajo la influencia transformadora de su gracia.
En este sentido, el conocimiento bíblico y la gracia divina son compañeros inseparables en el camino hacia una vida de mayordomía fiel y glorificadora de Dios con nuestros recursos financieros.
Juntos, nos permiten no solo saber qué es lo correcto según los principios bíblicos sobre el dinero, sino también tener el deseo y la capacidad de hacerlo para la gloria de Dios.

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