Si consideramos que el dinero nos confiere poder, entonces aún no hemos comprendido los fundamentos de la mayordomía financiera desde una perspectiva bíblica que solo enseña que es meramente una herramienta.
El verdadero poder radica en la educación financiera basada en principios bíblicos, la cual nos equipa para administrar las finanzas como siervos leales del Señor Jesucristo. Sin el dominio propio que esta educación promueve, es fácil que el dinero se despilfarre rápidamente o se disipe de nuestras manos sin dejar rastro.
La clave está en reconocer que cada centavo que manejamos nos ha sido confiado por Dios, y nuestro deber es gestionarlo de manera que refleje nuestra fe y valores, no para ejercer poder sobre otros, sino para servir de acuerdo con Su voluntad.
Este entendimiento transforma nuestra relación con el dinero de una obsesión por la acumulación a una oportunidad para la generosidad.
En la parábola del buen administrador, Jesús destaca la importancia de ser fieles en lo poco para ser puestos al frente de mucho (Lucas 16:10-12). Así, al aplicar los principios bíblicos en nuestra gestión financiera, no solo aseguramos el bienestar material y espiritual nuestro, sino que también nos convertimos en canales a través de los cuales las bendiciones fluyen hacia otros.
La mayordomía, entonces, se convierte en un acto de adoración y testimonio, demostrando que nuestra verdadera riqueza está en Dios y no en los bienes terrenales.


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