La Masacre de Hugonotes Franceses

El 20 de septiembre de 1565 marca un oscuro episodio en la historia colonial de América, cuando el capitán español Pedro Menéndez de Avilés, cumpliendo órdenes de la corona española, llevó a cabo una masacre de hugonotes franceses en la región del río San Juan, en lo que actualmente es Florida, Estados Unidos. Este evento se desarrolló en el contexto de una lucha religiosa y política más amplia entre las potencias europeas, en la cual la religión jugaba un papel fundamental.

Durante el siglo XVI, Europa estaba inmersa en los conflictos derivados de la Reforma Protestante, que había dividido a las naciones entre católicos y protestantes. Francia, en particular, estaba enfrentando una profunda división interna entre los católicos y los hugonotes, que eran los seguidores del calvinismo protestante.

Mientras los católicos mantenían una fuerte influencia, los hugonotes luchaban por sus derechos religiosos y políticos en medio de un escenario de guerras civiles conocido como las Guerras de Religión de Francia.

Por otro lado, el imperio español, profundamente católico y comprometido con la Contrarreforma, estaba determinado a eliminar cualquier influencia protestante en sus territorios y en los territorios que consideraba suyos bajo la doctrina de la «Repartición del Mundo» establecida por el Papa Alejandro VI en el Tratado de Tordesillas (1494). Bajo esta doctrina, gran parte del Nuevo Mundo se consideraba dominio de España, y la presencia de cualquier potencia extranjera, especialmente protestante, era vista como una amenaza tanto política como religiosa.

En 1564, los hugonotes franceses, liderados por el explorador René Goulaine de Laudonnière, establecieron una colonia llamada Fort Caroline en la desembocadura del río San Juan (Saint Johns River), en la actual Florida. Esta colonia formaba parte de los esfuerzos franceses por expandir su influencia en el Nuevo Mundo, y también proporcionaba un refugio para los protestantes franceses que sufrían persecución en su país natal. Sin embargo, desde la perspectiva española, la presencia de los franceses era una provocación directa a su soberanía sobre Florida y, peor aún, una amenaza religiosa, ya que eran protestantes.

En respuesta a la presencia francesa en Florida, el rey Felipe II de España ordenó a Pedro Menéndez de Avilés, un experimentado comandante naval, que erradicara la colonia francesa y restaurara el dominio español sobre la región. Menéndez zarpó de España en 1565 con la misión de establecer un asentamiento español en Florida y destruir cualquier intento de colonización protestante.

El 28 de agosto de 1565, Menéndez fundó San Agustín, el primer asentamiento europeo permanente en lo que hoy es Estados Unidos. San Agustín se estableció como un fuerte baluarte español y se convirtió en el punto de partida para la campaña militar contra los franceses.

El 20 de septiembre de 1565, Pedro Menéndez de Avilés encabezó un ataque contra los hugonotes en Fort Caroline. La expedición española tomó el fuerte por sorpresa y rápidamente derrotó a los colonos franceses.

Menéndez, actuando bajo la autoridad de la corona y guiado por su fervor católico, decidió no mostrar clemencia hacia los franceses capturados. En lugar de tratarlos como prisioneros de guerra, consideró a los hugonotes herejes y enemigos de la fe católica.

En una declaración que reflejaba el pensamiento de la época, Menéndez justificó la masacre diciendo que ejecutó a los franceses “porque eran luteranos y enemigos de nuestra santa fe católica”. Aproximadamente 130 hombres fueron ejecutados, mientras que se permitió a algunas mujeres y niños sobrevivir, probablemente por razones estratégicas o humanitarias.

Los hombres que no fueron ejecutados en el ataque inicial fueron llevados a una playa cercana, hoy conocida como Matanzas Inlet (cuyo nombre significa «masacres» en español), donde fueron masacrados sistemáticamente. Este acto de violencia extrema se veía, desde la perspectiva española, como una defensa de la fe y una reafirmación del dominio católico en el Nuevo Mundo.

La masacre de los hugonotes en Fort Caroline y en Matanzas Inlet fue parte de una serie de eventos que consolidaron el control español sobre Florida y aseguraron que el protestantismo no se afianzara en la región durante los siglos siguientes.

Para España, el acto de Pedro Menéndez fue un golpe estratégico que eliminó la amenaza francesa y reafirmó el poder católico en América. San Agustín se mantuvo como un asentamiento clave en la defensa del imperio español en América del Norte.

Sin embargo, desde la perspectiva francesa y protestante, la masacre fue vista como una atrocidad brutal y una manifestación de la intolerancia religiosa de la época. El evento alimentó la animosidad entre los católicos y protestantes en Europa, y sirvió como un recordatorio de la violencia que la religión podía engendrar cuando se utilizaba como justificación para el conflicto territorial y político.

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El 20 de septiembre de 1565, la masacre de los hugonotes en el río San Juan, Florida, es un recordatorio trágico de cómo la fe y la política estaban entrelazadas en la expansión europea hacia el Nuevo Mundo.

Pedro Menéndez de Avilés, siguiendo las órdenes de la corona española, ejecutó una campaña de erradicación violenta de los colonos protestantes franceses, bajo el pretexto de proteger la fe católica y asegurar el dominio español en Florida.

Este episodio subraya el fervor religioso de la época, así como las brutales consecuencias de la lucha por el control colonial en América.

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