La Mayordomía Bíblica

Dar prioridad a la doctrina de las Escrituras mientras se relega la doctrina de la mayordomía a un plano secundario en el pensamiento evangélico es notable, especialmente considerando que la doctrina de la mayordomía está contenida y fundamentada en las propias Escrituras. Esta situación plantea un dilema significativo, ya que es difícil sostener una sin la otra.

Primero, las Escrituras son claras en sus enseñanzas sobre la mayordomía. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la Biblia aborda constantemente la importancia de ser fieles administradores de los recursos que Dios nos ha confiado.

Esta responsabilidad no solo se aplica a nuestras finanzas, sino también a nuestro tiempo, dones, y salud. Ignorar o negociar la doctrina de la mayordomía, por lo tanto, es pasar por alto una parte integral de la enseñanza bíblica.

En segundo lugar, al enfatizar la autoridad de las Escrituras pero al mismo tiempo no aplicar sus enseñanzas sobre la mayordomía, se crea una inconsistencia en la práctica y la fe.

La fidelidad a las Escrituras implica un compromiso no solo con su estudio, sino también con su aplicación en todos los aspectos de la vida, y la mayordomía es una de esas áreas clave donde nuestra obediencia y comprensión de las Escrituras se ponen en práctica.

Por lo tanto, es esencial que las comunidades evangélicas reconozcan que la verdadera adhesión a la doctrina de las Escrituras requiere un compromiso serio con la doctrina de la mayordomía.

Esto implica no solo reconocer la mayordomía como un aspecto fundamental de la enseñanza bíblica, sino también vivirla de manera coherente en la vida cotidiana. Al hacerlo, se reflejará una fe más completa y auténtica, que honra tanto las palabras de la Biblia como el Señorío de Cristo Jesús.

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