“El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar.” Proverbios 21:25 (RVR1960)
Este versículo nos presenta una advertencia clara sobre las consecuencias del comportamiento perezoso y la falta de diligencia en el trabajo.
En el contexto de la mayordomía financiera, refleja un principio fundamental: el trabajo diligente y fiel es una parte integral del llamado de Dios para nosotros como administradores de los bienes y recursos que Él nos ha confiado.
Nuestro Señor Jesucristo, la fuente de todas las riquezas, espera que, como siervos responsables, usemos nuestras manos y habilidades para cumplir Su propósito y Su plan en nuestras vidas.
La pereza no solo impide el crecimiento económico, sino que también conduce a la muerte espiritual y a una vida sin propósito.
Analizando este versículo en su idioma original, comenzamos con la palabra «deseo«, del hebreo «תַּאֲוָה» (ta’ava), que se refiere a un fuerte anhelo o codicia. En este contexto, el anhelo del perezoso no es un deseo santo o justo, sino una codicia egoísta que no está acompañada por la acción necesaria para cumplirlo.
Este principio bíblico es claro: los deseos vacíos que no van acompañados de trabajo son destructivos.
La siguiente palabra, «perezoso«, del hebreo «עָצֵל» (atzel), se refiere a alguien negligente, que rechaza el esfuerzo y la labor. Como administradores de los recursos que Dios nos ha confiado, la pereza es una grave falta que nos impide cumplir con nuestro rol como ministros de Cristo.
La palabra «mata«, del hebreo «מוּת» (muth), indica una muerte no solo física, sino también espiritual. En este caso, es una advertencia de que la pereza y la inacción pueden llevar a la ruina total, tanto material como espiritualmente.
Luego, la frase «no quieren trabajar« viene del hebreo «מָאֲנוּ לַעֲשׂוֹת» (ma’anu la’asot), que significa literalmente «se rehúsan a hacer» o «se niegan a actuar». Este es un principio clave: cuando, como mayordomos del Señor, rehusamos trabajar con diligencia y fidelidad, renunciamos a la bendición que viene del trabajo honesto y fiel, tal como lo enseña 2ª Tesalonicenses 3:10: “El que no quiera trabajar, tampoco coma.”
Un ejemplo práctico de este principio sería una persona que tiene grandes deseos de prosperar, pero constantemente se excusa para no trabajar ni tomar acción. Mientras observa a otros ser bendecidos por su diligencia, su deseo no le lleva a ningún lado, sino que termina frustrado y sin alcanzar sus metas. Sin embargo, al contrario, cuando otro siervo del Señor pone sus habilidades al servicio de Dios, trabaja con diligencia y fielmente administra lo que ha recibido, ve cómo el Señor le bendice y provee lo que necesita, porque sabe que todo lo que posee es de Cristo.
También le interesaría:
En resumen, este pasaje nos enseña que la diligencia en el trabajo es una parte esencial de la mayordomía financiera.
No podemos esperar que el Señor nos bendiga si no estamos dispuestos a usar las manos y los recursos que Él nos ha dado.
El trabajo honesto y la dedicación son una forma de honrar a Dios con nuestras vidas y nuestras finanzas.
Al aplicar estos principios diariamente, reconocemos que todo lo que tenemos y recibimos proviene del Señor, y como esclavos voluntarios de Cristo, estamos llamados a usarlo para Su gloria y Su propósito.


Deja una respuesta