La santificación, según las Escrituras, es un proceso continuo por el cual Dios nos va transformando a la imagen de Cristo. Esta obra de Dios implica una purificación progresiva de nuestros pecados y una transformación de nuestras vidas para que reflejemos más y más el carácter de Cristo. La santificación abarca tanto lo interno (nuestro corazón, deseos, y pensamientos) como lo externo (nuestras acciones, palabras y costumbres).
Dios nos aparta para Sí mismo: La santificación comienza con Dios apartándonos para Él. Somos «santos» en el sentido de que hemos sido separados para un propósito divino. En 1ª Corintios 6:11, Pablo dice: «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.» Esto indica que la santificación es una obra del Espíritu Santo que empieza en el momento de la regeneración, cuando somos lavados y hechos nuevos.
Dios transforma nuestro corazón y deseos: La santificación implica una renovación interna. Dios cambia nuestros deseos y prioridades. En Ezequiel 36:26-27, Dios promete: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.» Este es un cambio radical en el interior del creyente. Dios reemplaza nuestros antiguos deseos pecaminosos con nuevos deseos piadosos y nos da su Espíritu para capacitarnos a vivir según Su voluntad.
Renovación de nuestra mente: Dios cambia nuestra forma de pensar y nos da una nueva mentalidad conforme a Su Palabra. Romanos 12:2 dice: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» La santificación incluye un proceso en el que Dios renueva nuestra mente, enseñándonos a discernir lo que es bueno, santo y agradable a Él, abandonando los pensamientos del mundo.
Nos despoja del viejo hombre y nos reviste del nuevo: En el proceso de santificación, Dios nos ayuda a abandonar las viejas costumbres, hábitos y características que estaban relacionadas con nuestro estado de pecado, y nos da nuevas características y comportamientos que reflejan a Cristo. En Efesios 4:22-24, Pablo exhorta: «En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.» Aquí vemos cómo la santificación implica un proceso de despojarnos de nuestro «viejo hombre» – nuestras costumbres y deseos pecaminosos – y vestirnos del «nuevo hombre» que está siendo renovado conforme a la justicia de Dios.
Frutos del Espíritu Santo: La santificación también se manifiesta externamente a través de los frutos del Espíritu Santo que comienzan a aparecer en la vida del creyente. Gálatas 5:22-23 dice: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.» Estos frutos son evidencias de que Dios está trabajando en nosotros, transformando nuestro carácter y reemplazando nuestras actitudes pecaminosas con las virtudes de Cristo.
Mortificación del pecado: Parte de la santificación es la lucha contra el pecado en nuestra vida diaria. Romanos 8:13 nos dice: «Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.» Aquí vemos que la santificación no es un proceso pasivo. Con la ayuda del Espíritu Santo, estamos llamados a hacer morir el pecado en nuestras vidas, renunciando a las viejas costumbres y luchando contra nuestros deseos pecaminosos.
Conformidad a la imagen de Cristo: El objetivo último de la santificación es que seamos conformados a la imagen de Cristo. En Romanos 8:29 se nos dice: «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.» Dios está trabajando en nuestras vidas para que seamos más como Jesús en carácter, amor, humildad y obediencia.
Resumen: La santificación es un proceso en el que Dios obra en nosotros para transformar nuestras costumbres, características y pensamientos, llevándonos a ser más como Cristo.
Este proceso es interno, afectando nuestros deseos y mentalidad, y externo, manifestándose en nuestras acciones y en el fruto del Espíritu.
La santificación no es algo que logramos por nuestra propia fuerza, sino por la gracia de Dios a través del Espíritu Santo, que nos capacita para vivir en obediencia a Su voluntad.


Deja una respuesta