Mateo 19:14

En la época de Jesús, los niños no eran considerados importantes en la sociedad. No tenían derechos propios y eran vistos más como propiedad de sus padres que como individuos con valor independiente. En el contexto de la cultura judía del primer siglo, los niños eran a menudo marginados y no se esperaba que contribuyeran significativamente hasta que alcanzaran la madurez.

Cuando Jesús dijo: «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos» (Mateo 19:14), estaba haciendo una declaración radical y contracultural.

Al afirmar que el Reino de Dios pertenece a los niños, Jesús desafiaba las normas sociales de su tiempo porque los niños eran considerados de poco valor y solo de adultos heredarían los bienes y el nombre de la familia.

Como los niños no tenían influencia y eran ignorados, sus posibilidades dentro de la sociedad eran nulas. Jesús utiliza esa realidad para indicar que, de igual forma, quienes son marginados, ignorados y desvalorizados socialmente también tienen cabida en el Reino de Dios.

Muchos enseñan erróneamente que este versículo destaca la importancia de la humildad, la dependencia y la confianza, cualidades características de los niños, como esenciales para entrar en el Reino de Dios. Cuando en realidad, no era eso lo que estaba diciendo.

Este acto subraya que el Reino no es solo para los poderosos o los sabios según los estándares humanos o aquellos con un corazón puro y humilde como se cree lo tienen los niños, sino para aquellos que no tenían derechos propios y solo eran vistos como propiedad de sus padres herederos solo de los bienes y el nombre en el futuro, marginados o devaluados por la sociedad.

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