-Dios ordena que Su pueblo no sea insensible o tacaño, sino que muestre un corazón dispuesto a ayudar a sus hermanos en su necesidad.
-Como administradores de los recursos que Dios nos ha dado, debemos ser generosos y estar siempre dispuestos a compartir con aquellos que lo necesiten, reflejando así el amor y la provisión de Dios.
-En lugar de buscar venganza o actuar con resentimiento, debemos actuar con integridad y hacer lo correcto, incluso en lo que respecta a las finanzas.
-Nuestro testimonio como cristianos debe reflejar una actitud de bondad y rectitud en todas nuestras relaciones, incluidas las económicas.
-La diligencia en el trabajo es fundamental; debemos esforzarnos para cubrir nuestras necesidades y no depender injustamente de los demás.
-Debemos evitar la ociosidad y entrometernos en asuntos ajenos; es importante trabajar tranquilamente y ganar nuestro sustento honradamente.
-El amor desmedido al dinero puede alejarnos de la fe y causarnos gran sufrimiento.
-Debemos guardar nuestro corazón y poner nuestra confianza en Dios, no en las riquezas materiales.
-Es fundamental cumplir con nuestras responsabilidades financieras hacia nuestra familia; al hacerlo, demostramos nuestra fe y honramos a Dios con nuestra mayordomía.
-Debemos aprender a estar contentos con lo que Dios nos provee, enfocándonos en la piedad y el contentamiento en lugar de perseguir riquezas materiales que son temporales.
-En tiempos difíciles, muchos serán amantes del dinero y egoístas; debemos guardarnos de la avaricia y vivir con humildad y gratitud, enfocándonos en las cosas eternas y no en las materiales.
-Es necesario esforzarse y trabajar diligentemente para poder disfrutar de los resultados.
-Como mayordomos de los bienes del Señor, debemos ser laboriosos y responsables en nuestras tareas, reconociendo que el esfuerzo honesto nos permite administrar correctamente las bendiciones que Dios nos otorga.
-La Biblia prohibía cobrarse intereses entre hermanos israelitas por préstamos de dinero o bienes, subrayando la importancia de la ayuda mutua y la compasión entre el pueblo de Dios.
-Antes de permitía el cobro de interés a extranjeros, pero no entre los hermanos del mismo pueblo, para fomentar la solidaridad y la justicia en la comunidad.
-Actuar con generosidad y sin buscar beneficio personal indebido ayudará a nuestros hermanos en la fe.
-Debemos evitar la codicia y las ganancias deshonestas, viviendo con integridad en nuestras finanzas como administradores de Dios, para honrarle en todo lo que hacemos.
-Debemos anteponer el bienestar de los demás sobre el propio interés, incluso en temas financieros.
-El dinero y los recursos no son solo para nuestro beneficio personal, sino también para bendecir a los demás y promover el bien común.
-Dios ordenó que todo el botín de valor, como la plata y el oro, en Jericó fuese consagrado a Él y colocado en su tesoro.
-Todo lo valioso debe ser dedicado al servicio de Dios, recordándonos que los bienes y riquezas deben ser utilizados para Su gloria y no para nuestros propios intereses.

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