John Owen, conocido como uno de los más grandes teólogos puritanos del siglo XVII, dejó un legado de profunda enseñanza sobre la vida cristiana, la iglesia y el ministerio pastoral. Entre sus numerosas reflexiones y exhortaciones, encontramos esta frase cargada de sabiduría práctica y espiritual: “He that is more frequent in his pulpit to his people than he is in his closet for his people is but a sorry watchman.” Traducida al castellano, esta declaración dice: “Aquel que está más frecuentemente en su púlpito delante de su pueblo [congregación local] que en su aposento en oración por su pueblo [congregación local] no es más que un pobre vigilante.”
Contexto y significado. Owen no solo fue un brillante pensador, sino también un pastor comprometido con la vida espiritual de su congregación. En esta frase, el teólogo destaca una verdad esencial sobre el ministerio pastoral: la obra pública del pastor debe estar profundamente arraigada en su vida privada de oración.
Para Owen, el púlpito —símbolo de la predicación y el ministerio visible— no puede separarse del “closet” (“armario”) o aposento secreto, donde se cultiva la relación íntima con Dios en oración y se intercede por el pueblo de Dios.
La figura del pastor como un vigilante proviene de las Escrituras, donde se compara al líder espiritual con un centinela que vela por las almas (Hebreos 13:17, Ezequiel 3:17). Según Owen, un pastor que dedica más tiempo y esfuerzo a las actividades públicas que a la oración privada por su congregación es un vigilante deficiente, incapaz de cumplir su responsabilidad espiritual con efectividad.
La labor pastoral no se mide únicamente por la elocuencia o frecuencia en la predicación, sino por la profundidad de la intercesión ante Dios por las almas que le han sido encomendadas.
Implicaciones prácticas para el ministerio. John Owen nos desafía a evaluar nuestra perspectiva del ministerio cristiano. En una época donde la visibilidad y la productividad externa pueden ser fácilmente idolatradas, su reflexión nos recuerda que el ministerio espiritual auténtico comienza en la intimidad con Dios. Algunos puntos clave que podemos extraer son:
La centralidad de la oración en el ministerio pastoral. Un pastor no solo es un maestro que expone las Escrituras; también es un intercesor que presenta las necesidades de su pueblo ante Dios. Así como Cristo intercede continuamente por nosotros (Hebreos 7:25), el pastor debe reflejar ese mismo corazón de intercesión. La eficacia del ministerio público depende de la fidelidad en la vida privada de oración.
El peligro del activismo sin espiritualidad. Owen advierte contra el activismo ministerial: estar constantemente ocupado en las actividades visibles del ministerio sin dedicar tiempo a la búsqueda de Dios. Esto puede llevar a un ministerio superficial, donde las palabras carecen del poder espiritual que proviene de una comunión íntima con el Señor.
La vigilancia espiritual como un llamado serio. El pastor como “vigilante” tiene la tarea de discernir los peligros espirituales y de guiar a su congregación hacia la fidelidad a Cristo. Sin una vida de oración consistente, este discernimiento se debilita, y el pastor no puede cumplir su llamado de manera efectiva.
Relevancia para hoy. Aunque John Owen vivió en un contexto muy diferente al nuestro, sus palabras siguen siendo profundamente relevantes. En nuestra época, donde el éxito ministerial a menudo se mide por métricas externas como la asistencia, la popularidad o la actividad, Owen nos recuerda que el verdadero éxito en el ministerio no puede separarse de la dependencia total en Dios a través de la oración.
Esta frase nos desafía a priorizar la intimidad con Dios por encima de la actividad visible, tanto en el ministerio pastoral como en cualquier aspecto de la vida cristiana. Nos invita a recordar que la fuerza espiritual proviene de la comunión con el Señor, y que ninguna elocuencia, carisma o esfuerzo humano puede reemplazar el poder que Dios derrama cuando buscamos Su rostro en oración.
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En conclusión, las palabras de John Owen son un llamado a la reflexión y al arrepentimiento para quienes ministran en la iglesia de Cristo.
Nos exhortan a ser vigilantes fieles, consagrados no solo al púlpito, sino también al aposento de oración, para que podamos servir al pueblo de Dios con la gracia y el poder que solo provienen de Él.


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