La Soberanía Permisiva de Dios, Proverbios 19:21

El versículo de Proverbios 19:21 en la Nueva Traducción Viviente (NTV) ofrece una profunda enseña sobre la Soberanía de Dios y la limitación humana en el proceso de planificación y decisión.

Este pasaje bíblico reconoce que los seres humanos, por naturaleza, hacen planes y se establecen objetivos, sin embargo, subraya una verdad fundamental: A pesar de nuestros esfuerzos y deseos, la voluntad y los propósitos de Dios son supremos y prevalecerán sobre cualquier plan humano.

Este versículo nos recuerda que, aunque es importante y necesario hacer planes, debemos hacerlo con humildad y en reconocimiento de que Dios tiene el control último sobre nuestras vidas y el mundo.

Los propósitos de Dios son perfectos y se alinean con Su carácter benevolente y justo, lo que significa que, en última instancia, lo que Él decide o permite es para el bien supremo, incluso si no siempre lo entendemos en el momento.

La enseñanza central aquí es sobre la confianza y la rendición. Se nos invita a planificar con diligencia y a trabajar hacia nuestros objetivos, pero también a mantener nuestro corazón y mente abiertos a la dirección o reorientación de Dios.

Este versículo puede ser una fuente de consuelo y esperanza, ya que asegura que, aunque nuestras circunstancias puedan cambiar y nuestros planes puedan fallar, el propósito amoroso de Dios para nuestras vidas no lo hará.

Nos anima a confiar más profundamente en Él y a buscar Su voluntad en todo lo que hacemos, sabiendo que Su plan final para nosotros es siempre para nuestro bien y para Su gloria.

La pregunta que surge es ¿por qué algunos hombres se hacen ricos y se convierte en ricos injustos, ¿A dónde vemos en ello la Soberanía de Dios?

Tengamos presente desde ya que cuando se hace sin considerar la voluntad divina, puede conducir a prácticas inmorales, falta de ética y transparencia en los negocios. La Biblia no condena la riqueza en sí misma, sino más bien la manera en que se obtiene y utiliza.

La soberanía permisiva de Dios, que permite que los ricos acumulen riqueza incluso cuando sus métodos y motivaciones son cuestionables, no debe entenderse como una aprobación directa de tales acciones, más bien, refleja el hecho de que Dios, en su soberanía permisiva; permite que el ser humano busque du bienestar económico, incluso cuando esto significa desviarse de sus mandatos, pero que tendrá que rendir cuentas.

Adoptar una perspectiva sobre la riqueza que descuida los fundamentos bíblicos relativos a la ética, la moralidad y la honestidad representa un riesgo espiritual. Esto se debe a que tal actitud no se origina únicamente en la falta de conocimiento, sino que también implica una decisión consciente de desafiar los principios divinos que orientan el manejo correcto de las riquezas de acuerdo a los preceptos de Dios.

Las Escrituras abogan por una actitud hacia la riqueza que se caracteriza por la generosidad, la justicia y el uso responsable de los recursos, en línea con la voluntad de Dios y su deseo de bienestar para todos.

Por tanto, la búsqueda de riquezas debe estar acompañada de un corazón que busca primero el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33), confiando en que, al alinear nuestros deseos y acciones con la voluntad divina, nuestras necesidades serán satisfechas de acuerdo con los ricos recursos de Dios y su propósito para nuestras vidas.

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