¿Cómo podemos darnos cuenta de que no hemos aprendido realmente los principios bíblicos sobre las leyes que gobiernan el manejo del dinero? Si nuestras acciones y decisiones financieras no reflejan los valores y enseñanzas que la Biblia promueve acerca de la mayordomía.
Algunos indicadores pueden incluir la generosidad es un tema recurrente en las Escrituras, como en Proverbios 11:25, que dice: “El alma generosa será prosperada, y el que sacia será también saciado”.
Si nos encontramos reacios a dar o compartir con quienes más lo necesitan, podría ser un signo de que no hemos internalizado el principio bíblico de la generosidad.
Preocupación y Ansiedad Constante por el Dinero; Filipenses 4:6-7 nos enseña a no estar ansiosos por nada, sino a presentar nuestras peticiones a Dios mediante la oración y la acción de gracias.
Si el dinero es una constante fuente de ansiedad, puede que no estemos confiando plenamente en la provisión de Dios ni aplicando Sus principios bíblicos de sabiduría financiera.
Mientras la Biblia no prohíbe el endeudamiento, sí advierte sobre los peligros de ser esclavo del prestamista (Proverbios 22:7). Si incurrimos en deudas de manera irresponsable, ignoramos el consejo bíblico de vivir dentro de nuestros medios y planificar sabiamente para el futuro.
Falta de Planificación y Ahorro para el Futuro; Proverbios 6:6-8 elogia la previsión de la hormiga, que recoge su alimento en la cosecha para prepararse para los tiempos venideros.
Si no estamos ahorrando ni planificando para el futuro, podríamos estar pasando por alto la sabiduría bíblica sobre la preparación y la prudencia.
Búsqueda del Enriquecimiento Rápido; Proverbios 13:11 nos advierte que el dinero ganado de prisa se disminuirá, pero el que se junta poco a poco con el tiempo se aumentará.
Una obsesión con enriquecerse rápidamente puede ser un indicador de que no estamos siguiendo el consejo bíblico de trabajar diligentemente y evitar atajos poco éticos.
Reconocer estas discrepancias en nuestras vidas puede ser el primer paso para realinear nuestras prácticas financieras con los principios bíblicos, buscando no solo el bienestar personal, sino también el cumplimiento de los propósitos divinos a través de la gestión de nuestros recursos.

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