Mantener la salud mental y física es un acto de mayordomía que honra a Dios, quien nos confía nuestros cuerpos y mentes como dones preciosos.
Cuidar de nuestra alimentación no solo es cuestión de disciplina, sino también de gratitud y reconocimiento de que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1ª Corintios 6:19-20). Por lo tanto, seleccionar alimentos nutritivos y balanceados es un modo de rendir culto a Dios a través de nuestras elecciones diarias.
El mantenernos físicamente activos no solo mejora nuestra salud y vigor, sino que también nos capacita para servir mejor a los demás y cumplir con las tareas que Dios nos ha asignado.
La actividad física regular puede ser una expresión de gozo y agradecimiento por la movilidad y la vida que se nos ha dado. El ejercicio frecuente es otra forma de mayordomía del cuerpo.
Además, la gestión del estrés es vital para la mayordomía de nuestra salud mental. Prácticas como la oración y los paseos al aire libre pueden ser momentos de comunión y reflexión espiritual, donde se busca la paz que sobrepasa todo entendimiento, la cual es prometida en Filipenses 4:6-7.
Estas prácticas permiten un espacio para desacelerar, contemplar la creación de Dios, y escuchar Su voz en medio de un mundo agitado.
En resumen, la mayordomía bíblica de nuestra salud no es solo una responsabilidad personal, sino una forma de adoración y servicio. Es una invitación a vivir de manera integral, cuidando el templo del Espíritu Santo y asegurándonos de que estamos en la mejor posición posible para llevar a cabo la obra de Dios en este mundo.


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