Sembrar y Sembrar

Muchas personas, poco versadas en el arte de la agricultura, a menudo nos aconsejan —seguir, y seguir, y seguir sembrando— con la esperanza de que a su tiempo, cosecharemos los frutos. Sin embargo, es crucial entender que cada semilla tiene su propio tiempo de germinación y desarrollo.

Todo agricultor experimentado sabe que, tras sembrar, es esencial no solo pensar en plantar más semillas adaptadas a la temporada sino también en cuidar diligentemente la siembra inicial.

Eso implica regar adecuadamente, desmalezar, y proteger las semillas y plantas jóvenes de gérmenes e insectos dañinos.

La Biblia ofrece sabiduría similar en cuanto a la siembra y la cosecha. En Gálatas 6:9, se nos dice: “No nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos”.

Esa enseñanza subraya la importancia de la paciencia y la diligencia, elementos esenciales en la agricultura y en la vida espiritual.

Así como el agricultor cuida su sembrado con la esperanza de una futura cosecha, nosotros debemos cultivar nuestras acciones y decisiones con la mirada puesta en los frutos que estas traerán.

Aplicando estos principios a las finanzas y a la mayordomía de las riquezas bíblicas, es vital reconocer que la gestión efectiva de nuestros recursos también requiere paciencia, planificación y cuidado constante.

Así como el agricultor no descuida su sembrado tras plantar, no debemos descuidar nuestra administración financiera.

La inversión prudente, el ahorro y el manejo ético del dinero son comparables al riego, la eliminación de malezas y la protección contra plagas en el campo.

Al hacerlo, estamos no solo asegurando nuestra estabilidad económica, sino también honrando los principios de la mayordomía que Dios ha establecido en Su palabra, gestionando sabiamente los recursos que Él nos ha confiado.

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