Sustento y Abrigo, 1ª Timoteo‬ ‭6‬:‭8

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Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” 1ª Timoteo‬ ‭6‬:‭8‬ ‭(RVR1960‬‬)

Este versículo, escrito por el apóstol Pablo, nos dirige a una actitud de satisfacción con lo esencial que el Señor nos provee. La exégesis del pasaje nos lleva a comprender la humildad en el vivir diario, una vida marcada por el contentamiento en lo que realmente es necesario, y no en la búsqueda incesante de acumular más bienes.

En su contexto, Pablo enseña a Timoteo y a la iglesia a evitar la codicia, recordándonos que las verdaderas riquezas no están en lo material, sino en una vida piadosa y en la dependencia de Cristo como la fuente de todo.

Analizando las palabras clave, encontramos que el término «sustento» en el griego es diatrophé, que significa lo necesario para el sustento físico, lo que nos nutre y nos mantiene.

Como mayordomos de los recursos que el Señor nos ha confiado, debemos reconocer que el pan diario que recibimos viene directamente de Su mano providencial. Nuestra tarea es usarlo sabiamente, recordando siempre que todo lo que poseemos es para Su gloria.

El «abrigo«, en griego skepasma, hace referencia a la protección, a la cobertura, implicando no solo la ropa, sino cualquier tipo de refugio que nos brinda seguridad.

Nosotros, como administradores de los bienes del Señor, debemos estar agradecidos por esa provisión y no obsesionarnos con acumular más de lo necesario.

La palabra «contentos» proviene del griego autarkés, que indica autosuficiencia, pero en el sentido de estar satisfechos con lo que tenemos por la suficiencia que proviene de Dios.

Este principio es clave para la mayordomía financiera, ya que al depender de la suficiencia de Cristo, evitamos caer en la trampa de la codicia. Filipenses 4:11 apoya este principio: «No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación

Nosotros, como siervos del Señor, debemos aprender a estar satisfechos con Su provisión, sabiendo que nuestra riqueza verdadera está en Cristo, quien suple todas nuestras necesidades conforme a Sus riquezas en gloria (Filipenses 4:19).

Un ejemplo práctico de este principio sería el manejo de un salario mensual. En lugar de anhelar constantemente aumentar nuestros ingresos para gastar en lujos innecesarios, podemos hacer un presupuesto que cubra nuestras necesidades básicas como alimento, vivienda, y vestimenta, apartando una parte para el servicio en la iglesia o para ayudar a otros. Así, mostramos que estamos contentos con lo que Dios nos ha confiado reconociendo que esos recursos no son nuestros, sino Su provisión.

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En conclusión, aplicar estos principios de mayordomía financiera nos lleva a vivir con gratitud y responsabilidad, sabiendo que todo lo que tenemos proviene del Señor para ser administrado para Su gloria.

Al estar contentos con lo esencial, evitamos la tentación de la codicia y glorificamos a Dios en la administración de Sus recursos.

Esta actitud nos permite vivir de manera que honremos al Señor en toda decisión financiera, confiando en Su provisión diaria.

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