“Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo.” Romanos 1:9a (RVR1960)
La palabra clave en Romanos 1:9 es λατρεύω (latreuō), que significa “servir” o “adorar,” se utilizaba en el contexto del culto sagrado, particularmente en la Septuaginta, donde describía el servicio sacerdotal en el templo. Sin embargo, aquí Pablo enfatiza que este servicio no es ceremonial ni externo, sino que ocurre “ἐν τῷ πνεύματί μου” (en tō pneumati mou), que significa “en mi espíritu.”
El uso de πνεῦμα (pneuma) en este pasaje no se refiere al Espíritu Santo directamente, sino al espíritu humano renovado y vivificado por la obra del Espíritu Santo. Esto subraya que la adoración y servicio de Pablo a Dios son espirituales, internos y genuinos, en contraste con los rituales externos del judaísmo bajo la ley mosaica.
Pablo está dejando claro que su devoción no se limita a actividades visibles, sino que brota de lo más profundo de su ser, transformado por la gracia de Dios.
A continuación, Pablo conecta esta adoración espiritual con su ministerio al decir “ἐν τῷ εὐαγγελίῳ τοῦ Υἱοῦ αὐτοῦ” (en tō euangeliō tou Huiou autou): “en el evangelio de su Hijo.” Aquí, el término εὐαγγέλιον (euangelion), “evangelio” o “buenas nuevas,” se refiere al mensaje de salvación centrado en Jesucristo.
Esa frase indica que el contexto y propósito principal de su servicio espiritual es la proclamación de las buenas nuevas. Es decir, la forma en que Pablo sirve a Dios espiritualmente se concreta en su labor de predicar el evangelio de Cristo.
El término Υἱοῦ (Huiou), “Hijo,” enfatiza la relación única y divina de Jesucristo con el Padre. Al referirse al evangelio como “el de su Hijo,” Pablo recalca que este mensaje no es algo abstracto ni general, sino que está enfocado en la persona y obra de Jesús, el Hijo de Dios.
Gramaticalmente, el uso de las preposiciones ἐν (en) en ambas frases, “en mi espíritu” y “en el evangelio de su Hijo,” establece una conexión entre el ámbito interno de adoración y el contexto externo de proclamación. Esto sugiere que Pablo ve su vida de adoración y su misión como una unidad inseparable: lo que ocurre en su espíritu se manifiesta en su ministerio.
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En Romanos 1:9, Pablo describe su servicio a Dios como espiritual, interno y genuino, utilizando la palabra λατρεύω (latreuō) para referirse a una adoración que fluye de su espíritu renovado, no de rituales externos.
Al añadir “en el evangelio de su Hijo”, conecta esta adoración interna con su misión de proclamar las buenas nuevas centradas en Jesucristo.
Gramaticalmente, las preposiciones ἐν (en) vinculan su adoración interna con su ministerio externo, mostrando que ambos son inseparables: Pablo está diciendo que su servicio a Dios no es meramente externo o ritualista, sino que fluye de su espíritu transformado, y ese servicio encuentra su expresión plena en la predicación del evangelio de Jesucristo.


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