“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” 1ª Pedro 4:10 (RVR1960)
Este versículo nos muestra un llamado claro a ejercer una mayordomía responsable de todo lo que Dios nos ha dado.
La palabra «don» en griego es charisma, que significa un regalo o talento concedido por la gracia divina, no por mérito propio. Esto nos recuerda que las posesiones, habilidades y recursos materiales que tenemos, incluidas las riquezas y bienes, son un regalo de nuestro Señor Jesucristo, quien es la fuente de toda riqueza (1º Crónicas 29:12).
Como Sus siervos, debemos recordar que no somos propietarios de estas bendiciones, sino administradores.
La palabra «recibido» en griego es lambanó, que implica tomar posesión de algo que ha sido entregado a nosotros. No hemos producido estas bendiciones por nosotros mismos, sino que las hemos recibido de Dios.
Este entendimiento moldea nuestra visión sobre las finanzas y las posesiones, pues lo que tenemos no es nuestro, sino que nos ha sido confiado temporalmente.
En cuanto a «minístrelo«, del griego diakoneó, se refiere al acto de servir o atender. La administración de nuestras finanzas, entonces, no es para nuestra ganancia personal, sino para servir a los demás, tanto en la Iglesia como en el mundo, reflejando el amor y la provisión de Dios hacia aquellos que lo necesitan (2ª Corintios 9:7).
El término «buenos administradores» en griego es oikonomos, que literalmente significa «mayordomo» o «encargado de la casa». Los bienes que tenemos, sean pequeños o grandes, son parte del plan de Dios y debemos gestionarlos sabiamente, reconociendo que son Su propiedad.
Jesús nos llama a ser fieles en lo poco, sabiendo que nuestra recompensa proviene de Él, como vemos en Colosenses 3:23-24: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.«
La palabra «multiforme» proviene del griego poikilos, que significa «de diversas formas» o «maneras variadas». La gracia de Dios no se manifiesta solo en un área de la vida, sino en diversas áreas, incluyendo nuestras finanzas.
Al ser administradores de esta gracia en sus diversas formas, reconocemos que nuestras responsabilidades no se limitan a lo espiritual, sino que también abarcan el uso de nuestros recursos materiales.
Finalmente, «gracia» del griego charis habla de un favor inmerecido; todo lo que hemos recibido es una expresión de la generosidad de Dios.
Un ejemplo práctico de este principio es cuando recibimos una cantidad inesperada de dinero, ya sea a través de un bono o un regalo. Como buenos administradores, lo primero que hacemos es orar y considerar cómo podemos usar este recurso para bendecir a otros o contribuir a la obra de Dios, reconociendo que estos recursos no son para nuestro disfrute personal, sino para glorificar a Cristo y edificar Su Reino.
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En resumen, la administración financiera bíblica comienza con el reconocimiento de que todo lo que poseemos viene de nuestro Señor Jesucristo. Como administradores de Su gracia, somos llamados a usar nuestros bienes, tiempo y recursos para servir a los demás y reflejar Su amor. Aplicar estos principios nos ayudará a manejar nuestras finanzas de manera que honremos a Dios, siempre recordando que somos siervos y no dueños de lo que nos ha sido confiado.


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