“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” 2ª Timoteo 1:6 (RVR1960)
La exhortación de Pablo a Timoteo cuando le dice que: «avives el fuego del don de Dios«, ha sido, en algunas ocasiones, malinterpretada como una reprensión o advertencia, insinuando que Timoteo estaba atravesando un estado de debilidad espiritual, frialdad o incluso una baja de fe. Sin embargo, un análisis más profundo del lenguaje original griego y el contexto general de la epístola revela una comprensión diferente.
El verbo griego ἀναζωπυρεῖν (anazopurein), que se traduce como «avivar«, nos ofrece una clave importante. Este verbo está en presente, lo que implica una acción continua y no una reacción a un estado previo de decaimiento o negligencia espiritual.
Pablo no está sugiriendo que Timoteo haya permitido que su fe se apague o que haya caído en una condición espiritual baja, sino que lo está animando a seguir manteniendo vivo y activo el don de Dios que le fue impartido. La exhortación no es una reprimenda, sino un llamado a una acción constante de mantenimiento y crecimiento.
La composición de la palabra ἀναζωπυρεῖν es reveladora. La primera parte, ἀνά (ana), significa «de nuevo» o «hacia arriba«, lo que implica que este avivamiento es un proceso continuo de mantener el fuego encendido. La palabra ζωός (zoos), que significa «vivo» o «vida«, y πυρ (pyr), que significa «fuego«, refuerzan la idea de que Pablo está hablando de mantener el «fuego vivo«, no de encender un fuego que se haya apagado. La imagen es la de alguien cuidando de una llama para que no disminuya, no la de alguien que debe volver a encender algo que ha muerto.
Esto es fundamental para comprender el contexto. Pablo no está sugiriendo que Timoteo estaba espiritualmente débil o apagado. De hecho, en el mismo versículo, Pablo reconoce que el don de Dios ya está en Timoteo, un don que fue impartido «por la imposición de mis manos».
Es un recordatorio de que Timoteo ya ha sido equipado para el ministerio, y la exhortación es a que ese equipamiento no quede inactivo, sino que se mantenga en constante uso.
El uso del presente en este verbo también sugiere que la vida espiritual no es estática. Timoteo, como cualquier siervo de Cristo, necesita estar continuamente fortaleciendo y utilizando los dones que Dios le ha dado.
Eso no implica que haya caído en una situación crítica, sino que, en su posición como líder y ministro, debe estar siempre activo y diligente, consciente de que el ministerio requiere una energía renovada constantemente.
Además, es importante notar que Pablo, en los versículos siguientes, le recuerda a Timoteo que «no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2ª Timoteo 1:7). Este versículo también apoya la idea de que Timoteo no estaba en un estado de debilidad. Pablo no lo está reprendiendo por cobardía o falta de fe, sino que lo está alentando a seguir actuando en el poder, el amor y el autocontrol que Dios ya le ha dado.
Esto subraya que la exhortación a «avivar» no tiene una connotación negativa, sino positiva: es un recordatorio de continuar avanzando y creciendo en los dones que Dios ha otorgado.
Un ejemplo práctico que podemos tomar de este principio es el de un atleta que está en plena forma. El entrenador no le dice al atleta que se ha vuelto perezoso o que ha perdido su capacidad física, sino que lo anima a seguir entrenando y a no relajarse en su progreso. El objetivo no es corregir una falla, sino estimular a una mayor excelencia. De la misma manera, Pablo exhorta a Timoteo a no contentarse con lo que ya ha logrado, sino a continuar usando y fortaleciendo su don.
También le interesaría:
En conclusión, el llamado de Pablo a Timoteo no es una corrección o una señal de que Timoteo estuviera en un estado de letargo espiritual. Más bien, es una exhortación a seguir creciendo y avivando continuamente el don que Dios ya le ha dado.
Este principio es aplicable para todos los creyentes hoy: no debemos esperar hasta que nuestra fe se enfríe para «avivarla», sino que debemos estar en constante crecimiento, cuidando el fuego del don de Dios en nuestras vidas y utilizando los recursos espirituales que nuestro Señor Jesucristo, fuente de todas las riquezas, nos ha dado.


Deja una respuesta