Un día como hoy, 24 de octubre de 2013, falleció Ben Haden, un influyente pastor presbiteriano y comunicador cristiano. Haden sirvió durante más de 30 años como pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana en Chattanooga, Tennessee, donde dejó una huella profunda a través de su predicación clara y apasionada.
Además de su trabajo pastoral, fue ampliamente reconocido por su programa de radio y televisión “Changed Lives”, que alcanzó a millones de personas con el mensaje del evangelio. Su estilo directo y su enfoque en la transformación personal a través de Cristo impactaron a generaciones de creyentes.
Nacido en 1925, Haden no comenzó su carrera en el ministerio, sino que fue un exitoso abogado y periodista antes de sentir el llamado de Dios. Tras su conversión, estudió en el Seminario Teológico de Columbia, donde se graduó con honores, y poco después comenzó su ministerio pastoral en Key Biscayne, Florida.
Fue en Chattanooga donde consolidó su legado, pastoreando una congregación que creció bajo su liderazgo y creando un ministerio de medios que expandió su influencia mucho más allá de las paredes de la iglesia.
A lo largo de su ministerio, Haden enfatizó la claridad en la proclamación de Cristo y evitó el uso de títulos formales como “Doctor” o “Reverendo”, prefiriendo ser conocido simplemente como “Ben”.
Su humildad y enfoque directo resonaron con personas de diferentes trasfondos, lo que permitió que su mensaje trascendiera fronteras y llegara a audiencias tanto dentro como fuera de la iglesia.
Su programa “Changed Lives” reflejaba su creencia en el poder transformador de la fe en Cristo, y fue una plataforma clave para compartir testimonios de vidas que habían sido radicalmente cambiadas por el evangelio.
A través de ese medio, miles de personas alrededor del mundo fueron alcanzadas por su mensaje de esperanza y redención.
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El legado de Ben Haden sigue vivo a través del impacto que dejó en su congregación y en los miles de oyentes y espectadores que lo conocieron por su ministerio.
Su vida y obra continúan siendo un ejemplo de cómo un compromiso con la claridad en la proclamación de la verdad de Cristo puede cambiar vidas y construir un legado que perdure más allá de una generación.

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