Charles Thomas Studd, conocido como C.T. Studd

El 5 de diciembre de 1862 (Historia Contemporánea) nació en Inglaterra Charles Thomas Studd, conocido como C.T. Studd, quien se convertiría en uno de los más destacados misioneros pioneros de su tiempo. Su historia es un testimonio de entrega total al servicio de Cristo y de cómo Dios puede usar incluso a personas famosas en el mundo secular para propagar el Evangelio.

Su juventud y carrera en el cricket. C.T. Studd nació en una familia adinerada y recibió una educación privilegiada en Eton College y la Universidad de Cambridge. Durante su juventud, destacó como un talentoso jugador de cricket, un deporte que gozaba de gran popularidad en Inglaterra. 

Studd rápidamente ganó renombre como una de las estrellas del cricket inglés, alcanzando la cima de la fama deportiva. Sin embargo, a pesar de sus éxitos, sentía un vacío espiritual en su vida.

Su conversión y llamado. A los 21 años, la vida de Studd dio un giro radical. Fue durante una campaña evangelística en Inglaterra organizada por el célebre predicador Dwight L. Moody cuando escuchó el mensaje del Evangelio y entregó su vida a Cristo. 

Ese evento marcó el comienzo de una transformación profunda. Convencido de que su vida debía ser dedicada completamente a Dios, Studd decidió abandonar su carrera deportiva y abrazar un llamado más alto.

Su compromiso radical con Cristo. En 1884, C.T. Studd recibió una gran herencia de su padre, quien había fallecido recientemente. Sin embargo, movido por su amor por Cristo y su convicción de vivir de acuerdo con el Evangelio, decidió donar toda su fortuna a organizaciones misioneras y a obras de caridad, incluyendo el trabajo de George Müller y la misión de Hudson Taylor en China. Este acto de desprendimiento reflejó su firme creencia de que las riquezas terrenales no podían compararse con los tesoros eternos.

El impacto de los “Siete de Cambridge. En 1885, C.T. Studd se unió a un grupo de jóvenes cristianos de la Universidad de Cambridge conocido como los “Siete de Cambridge”. Este grupo, profundamente comprometido con el cristianismo, decidió abandonar sus perspectivas de éxito y comodidad en Inglaterra para dedicarse a la misión de llevar el Evangelio a Asia. 

Inspirados por el ejemplo de Hudson Taylor, se embarcaron hacia China para servir con la China Inland Mission. El testimonio de los Siete de Cambridge tuvo un impacto significativo en el movimiento misionero, inspirando a muchos jóvenes a considerar el servicio misionero como su vocación.

Su ministerio en China. En China, Studd enfrentó desafíos culturales, físicos y espirituales, pero perseveró con fe y determinación. Su enfoque siempre estuvo en predicar el Evangelio a los no alcanzados y en demostrar el amor de Cristo a través de su vida. Su tiempo en China consolidó su reputación como un hombre completamente entregado a Dios.

Misiones en India y África. Después de varios años en China, Studd regresó temporalmente a Inglaterra por problemas de salud, pero su pasión por la misión no disminuyó. Más tarde, sirvió como misionero en India, donde continuó predicando y discipulando a los creyentes. 

Finalmente, sintiendo un fuerte llamado a África, fundó la Misión Mundial de Evangelización en el Interior (World Evangelization Crusade), con el objetivo de alcanzar las regiones más remotas del continente africano con el Evangelio. Pasó los últimos años de su vida sirviendo en el Congo, enfrentando enormes dificultades pero siempre confiando en el poder de Dios.

Su legado. C.T. Studd dejó un legado duradero en la historia del cristianismo. Fue un ejemplo vivo de lo que significa confiar plenamente en Dios, renunciar a las comodidades del mundo y dedicar la vida a la causa de Cristo. 

Su famoso dicho encapsula su filosofía de vida: “Si Jesucristo es Dios y murió por mí, entonces ningún sacrificio puede ser demasiado grande para hacer por Él.”

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A través de su servicio en Asia, India y África, Studd no solo llevó el Evangelio a miles de personas, sino que también inspiró a generaciones de creyentes a considerar el llamado misionero como una respuesta natural al amor de Cristo. 

Su vida nos recuerda que el verdadero éxito no se mide por la fama o las riquezas terrenales, sino por la fidelidad al propósito de Dios.

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