El diezmo de Jacob, mencionado en Génesis 28:20-22, es solo un voto personal y voluntario hacia Dios, no una práctica obligatoria o un mandamiento generalizado para todos, y menos algo idéntico al Diezmo Levítico.
Este episodio ocurrió cuando Jacob, huyendo de la ira de su hermano Esaú, se detiene en Betel. Allí tiene un sueño en el que ve una escalera que llega hasta el cielo con ángeles ascendiendo y descendiendo por ella, y Dios le promete protección, descendencia numerosa y prosperidad.
Al despertar, Jacob establece una piedra como pilar y hace un voto a Dios, prometiendo que si Dios está con él, lo protege en su viaje, le da ropa y comida, y logra regresar seguro a la casa de su padre, entonces el Señor será su Dios.
Además, Jacob promete que de todo lo que reciba, dará a Dios el diezmo. Esto muestra un acto de fe y dependencia de Jacob hacia Dios, pero es importante notar que es una promesa voluntaria y situacional, no una ley o requerimiento perpetuo.
Este acto de Jacob se diferencia del diezmo bajo la ley mosaica, que más tarde se convertiría en una práctica regular y obligatoria para el pueblo de Israel, con propósitos y reglamentos específicos en el mantenimiento del servicio religioso y el soporte de los levitas.
El voto de Jacob, en cambio, es un compromiso personal y no implica una estructura organizada ni se menciona como un precedente para prácticas obligatorias futuras, y mucho menos un ejemplo para la Iglesia.

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