Génesis 1:1 establece la base para la comprensión de la creación y la autoridad de Dios sobre todo lo que existe. A partir de este versículo, podemos derivar la base o los dos pilares en que se sustentan todos los demás principios relacionados con la mayordomía bíblica.
Primer Pilar: Nos recuerda que —Dios es el creador de los cielos y la tierra— lo que implica que —Él es el dueño absoluto de todo— lo que existe.
Eso nos lleva al principio de que todo lo que poseemos en términos de recursos financieros y materiales —no nos pertenece realmente a nosotros— sino a Dios.
Segundo Pilar: Nosotros solo —somos simplemente administradores o mayordomos— de lo que Él nos ha confiado.
Como Dios es el creador y dueño de todo, nos otorga —la responsabilidad de administrar sus recursos— de manera fiel y sabia de acuerdo a Su palabra escrita solamente.
Esto incluye la gestión de las —finanzas personales— asegurándonos de usar Sus recursos de una manera que honre a Dios y beneficie a otros.
Al reconocer a Dios como el creador y dueño de todo, entendemos que Sus recursos financieros tienen un propósito más amplio y no solo de nuestro beneficio personal.
Deben ser utilizados para cumplir con los propósitos de Dios en el mundo, como apoyar el adelanto del Evangelio, ayudar a los necesitados como son los huérfanos y las viudas, promover la justicia y la misericordia.
Reconocer a Dios como el creador y sustentador del universo nos lleva a confiar en Su inminente e inagotable provisión.
En el ámbito de las finanzas, esto significa que confiamos en Dios para nuestras necesidades y no ponemos nuestra seguridad en las riquezas materiales.
Nuestra dependencia debe estar en Dios y no en los recursos financieros como es el dinero y las riquezas en oro, plata, piedras preciosas o bienes inmuebles, etcétera.

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