Dios el Creador, Génesis 1:10

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«Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.» Génesis 1:10

La mayordomía bíblica es un principio que encontramos a lo largo de toda la Escritura, y tiene una implicancia directa y profunda en el área de las finanzas.

Desde el principio de la creación, vemos que Dios estableció el orden y la estructura de todo lo que existe, lo que nos muestra su cuidado y administración perfecta.

Nosotros, como seres creados a su imagen, somos llamados a reflejar esa misma administración sabia y cuidadosa en todas las áreas de nuestras vidas, incluyendo nuestras finanzas.

En primer lugar, reconocemos que Dios es el dueño de todo. «Del Señor es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan» Salmo 24:1. Este versículo nos recuerda que todo lo que poseemos no nos pertenece realmente a nosotros, sino a Dios.

Somos simplemente administradores de lo que Él nos ha confiado. Esta perspectiva cambia radicalmente la forma en que vemos y manejamos nuestro dinero, pues entendemos que debemos usarlo de acuerdo a la voluntad y propósito de Dios.

El apóstol Pablo nos exhorta a la generosidad y a la administración prudente en 2ª Corintios 9:6-7, donde dice: «El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.» Este pasaje nos enseña que nuestras finanzas deben ser manejadas con generosidad y alegría, no por obligación, sino como una expresión de gratitud y confianza en Dios.

Además, Jesús nos instruye sobre la importancia de la fidelidad en las cosas pequeñas, como vemos en Lucas 16:10-11: «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?» Este principio nos llama a ser diligentes y responsables con nuestros recursos, ya que nuestra fidelidad en lo pequeño es una demostración de nuestra capacidad para manejar cosas mayores.

El libro de Proverbios también nos ofrece sabiduría práctica para la administración financiera. Proverbios 21:5 nos dice: «Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza

Este versículo subraya la importancia de la planificación y la diligencia en nuestras finanzas. La prisa y la impulsividad pueden llevarnos a la ruina, mientras que la planificación cuidadosa y el esfuerzo constante nos conducen a la prosperidad.

Otro principio fundamental es evitar las deudas innecesarias. Romanos 13:8 nos aconseja: «No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley

Este consejo nos insta a vivir dentro de nuestras posibilidades y a evitar la carga de la deuda, para que podamos estar libres para servir a Dios y a los demás sin las ataduras financieras que la deuda puede traer.

Finalmente, debemos recordar que la administración de nuestras finanzas también implica ser generosos con los necesitados. En Proverbios 19:17 leemos: «A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.» Esta promesa nos asegura que cuando damos a los necesitados, estamos invirtiendo en el Reino de Dios y que Él recompensará nuestra generosidad.

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En conclusión, la mayordomía bíblica en el área de las finanzas implica reconocer que Dios es el dueño de todo, ser generosos y alegres en nuestro dar, ser fieles en lo poco, planificar y trabajar diligentemente, evitar las deudas innecesarias y ser generosos con los necesitados.

Al vivir de acuerdo con estos principios, no solo honramos a Dios con nuestras finanzas, sino que también experimentamos la paz y la bendición que vienen de manejar nuestros recursos de acuerdo a Su voluntad.

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