En Hageo 2:8, la frase relevante en hebreo es «לִי הַכֶּסֶף וְלִי הַזָּהָב», que se traduce como «Mía es la plata y mío es el oro«.
Esa declaración está en tiempo perfecto en hebreo, lo cual es significativo porque el tiempo perfecto se utiliza para expresar acciones completas, hechos establecidos o verdades generales.
En este contexto, enfatiza la soberanía absoluta de Dios sobre las riquezas del mundo, declarando una verdad eterna y cambiante sobre la propiedad divina de todo.
El uso de este tiempo subraya que la posesión de Dios sobre todas las riquezas no es temporal ni sujeta a cambio; es una afirmación definitiva de su señorío y dominio sobre la creación.
Entonces, es importante añadir que Él, conforme a su voluntad soberana, otorga riquezas a quien Él desea. Esta prerrogativa divina subraya aún más Su autoridad absoluta y control sobre la creación, manifestando Su generosidad y propósito en la distribución de recursos según su plan perfecto y justo.


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