El 25 de septiembre de 1929 marca una fecha histórica en el ámbito de la teología reformada en Estados Unidos. Ese día, J. Gresham Machen, un destacado teólogo presbiteriano y defensor de la ortodoxia reformada, pronunció el discurso inaugural en el recién fundado Seminario de Westminster (Westminster Theological Seminary) ante una clase de cincuenta estudiantes y algunos invitados.
Este evento tuvo lugar en un contexto de gran tensión y conflicto dentro de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos y, en particular, en el Seminario de Princeton, que hasta ese momento había sido un baluarte de la teología reformada ortodoxa. Princeton había sido la institución formadora de muchos de los pastores y líderes teológicos del presbiterianismo, pero en los años previos a 1929, la dirección del seminario comenzó a cambiar, adoptando posiciones teológicas más liberales y modernas. Este cambio llevó a Machen y a otros profesores a sentirse cada vez más incómodos con lo que veían como una traición a los principios teológicos que habían sostenido durante generaciones.
El conflicto alcanzó su punto máximo cuando la Junta de Control de Princeton fue reorganizada en 1929, lo que permitió que profesores y administradores con inclinaciones liberales tomaran control de la institución. Ante esta situación, Machen decidió que no podía seguir enseñando en Princeton y, junto con otros profesores, abandonó la institución para fundar un nuevo seminario donde se preservara la teología reformada ortodoxa en su pureza.
El discurso inaugural que Machen pronunció en Westminster fue más que una simple introducción al nuevo seminario; fue un manifiesto sobre la continuidad de la fe reformada en medio de un panorama cada vez más comprometido con la teología liberal. En su discurso, Machen hizo una referencia directa a la caída de Princeton desde su perspectiva, declarando con gran convicción:
“No, mis amigos, aunque el Seminario de Princeton está muerto, la noble tradición del Seminario de Princeton está viva. El Seminario de Westminster se esforzará, por la gracia de Dios, en continuar esa tradición sin alteraciones.”
Con estas palabras, Machen no solo lamentaba la pérdida de Princeton como un baluarte de la ortodoxia, sino que afirmaba con firmeza que Westminster se erigiría como el nuevo guardián de esa tradición teológica. Su referencia a que Princeton estaba «muerto» no se refería a su desaparición institucional, sino a su compromiso con la doctrina reformada pura que Machen y sus colegas consideraban vital para la formación de ministros del evangelio.
El Seminario de Westminster fue fundado sobre la convicción de que la fidelidad a las Escrituras y a las confesiones reformadas era esencial para la iglesia y su misión. Machen y los otros fundadores vieron la necesidad de una institución que no solo enseñara teología, sino que lo hiciera desde un marco confesional claro, que afirmara la inerrancia de las Escrituras y la importancia de mantener las doctrinas históricas de la fe reformada. Este era un seminario que no comprometería en cuestiones como la inspiración de la Biblia, la soberanía de Dios, la justificación por la fe y la centralidad de Cristo en la redención.
El discurso inaugural de Machen fue también un acto de desafío en un contexto donde la teología liberal estaba ganando terreno en muchas denominaciones y seminarios. Mientras que otros optaban por adaptarse a las tendencias culturales y académicas de la época, Machen y sus compañeros se posicionaron firmemente del lado de la ortodoxia histórica, sabiendo que esto les costaría popularidad e incluso el apoyo institucional que habían disfrutado en Princeton.
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Desde su fundación, el Seminario de Westminster ha sido un faro de enseñanza reformada, comprometido con la formación de pastores y líderes que son fieles a las Escrituras y a las confesiones reformadas. La declaración de Machen en 1929 sentó las bases para la misión de la institución y reafirmó el compromiso con una tradición teológica que no estaba dispuesta a ceder frente a los vientos de cambio teológico y cultural.
El legado de Machen y el Seminario de Westminster sigue vivo hoy, con miles de pastores, académicos y líderes en todo el mundo que se han formado bajo la influencia de esta institución y que continúan defendiendo la fe una vez dada a los santos.


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