John Hooper; obispado

En una Inglaterra aún convulsionada por los cambios de la Reforma, el 7 de abril de 1550 (Historia Moderna), marca un episodio revelador de las tensiones entre convicciones reformadas y las exigencias institucionales de la Iglesia anglicana. En esta fecha, John Hooper, un ferviente reformador protestante influenciado profundamente por el pensamiento de Zuinglio y Bullinger en Suiza, rechazó aceptar el nombramiento como obispo de Gloucester, no por una oposición a la labor episcopal en sí, sino debido a lo que consideraba prácticas antibíblicas impuestas por la estructura eclesiástica, en especial el uso obligatorio de vestimentas clericales tradicionales en su consagración.

Hooper sostenía que tales ornamentos —como la vestimenta ceremonial, las capas ricas, las mitras y otros elementos heredados del catolicismo romano— no sólo eran innecesarios, sino que comprometían la pureza evangélica que la Reforma debía restaurar. 

Para él, la Iglesia debía despojarse de toda apariencia externa que no tuviera fundamento explícito en las Escrituras. Esta postura causó un conflicto abierto con las autoridades eclesiásticas de Inglaterra, particularmente con Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury, quien consideraba que aunque las vestimentas no eran esenciales, tampoco eran dañinas si servían al orden y la unidad de la Iglesia.

Como consecuencia de su negativa, Hooper fue puesto bajo arresto domiciliario, y posteriormente encarcelado en la Torre de Londres. Pasó varios meses en prisión, enfrentando presión para ceder. 

Finalmente, y tras largas disputas, accedió de manera limitada al uso de las vestiduras requeridas, argumentando quizás que no podía servir al pueblo de Dios si quedaba permanentemente excluido del ministerio por ese motivo. Fue entonces consagrado como obispo de Gloucester en 1551.

Durante su obispado, Hooper se destacó por su devoción a la enseñanza bíblica, su disciplina eclesiástica firme, y su celo reformador

Trabajó activamente por erradicar prácticas supersticiosas, instruir al clero en la sana doctrina, y promover la predicación fiel de la Palabra. 

Fue un pastor riguroso, pero amado por muchos por su integridad y valor.

No obstante, su ministerio fue bruscamente interrumpido cuando María Tudor ascendió al trono en 1553. Decidida a restaurar el catolicismo romano y revertir las reformas introducidas por su padre Enrique VIII y su hermano Eduardo VI, María emprendió una persecución sistemática contra los líderes protestantes

Hooper fue arrestado nuevamente, esta vez como hereje. Se negó a retractarse de sus convicciones reformadas, rechazando la autoridad del Papa, la transubstanciación y el sistema sacramental romano.

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En febrero de 1555, luego de un prolongado encarcelamiento y juicio, John Hooper fue quemado vivo en Gloucester, en el mismo lugar donde había servido fielmente como obispo. 

Su martirio fue parte de la ola de ejecuciones conocida como la persecución mariana, que también cobró la vida de figuras como Hugh Latimer, Nicholas Ridley y Thomas Cranmer.

Su muerte no fue en vano. Hooper pasó a ser recordado como un mártir del Evangelio, un ejemplo de fidelidad a la conciencia iluminada por la Palabra de Dios, incluso ante la muerte. 

Su historia es una muestra conmovedora de cómo, en medio de los vaivenes políticos y eclesiásticos, la obediencia a Dios antes que a los hombres fue el distintivo de muchos de los Reformadores del siglo XVI

Su legado sigue inspirando a quienes luchan por una iglesia conforme a las Escrituras, libre de ataduras humanas, y guiada por la verdad del Evangelio.

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