La Biblia enseña que la prosperidad material no es necesariamente una señal de la bendición de Dios, ni la pobreza una maldición. Esta verdad se refleja a través de las enseñanzas y ejemplos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
Los fariseos, por ejemplo, a menudo asociaban la riqueza con la aprobación divina. Esta percepción se contrapone con las enseñanzas de Jesús, quien en Lucas 16:15 dice: “Y les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”, Jesús desafía la noción de que la riqueza exterior y el cumplimiento de rituales son indicativos de una posición justa ante Dios.
Jesús mismo, aunque sin pecado y completamente bendecido por Dios, no fue rico en términos materiales. En Lucas 9:58, Jesús declara: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”. Ese pasaje destaca la vida itinerante de Jesús, enfocada en el ministerio y no en la acumulación de riquezas terrenales.
Pablo, un apóstol de Cristo, también experimentó tanto la necesidad como la abundancia, y aprendió a estar contento en cualquier situación, como lo expresa en Filipenses 4:11-13: “No lo digo por necesidad, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé estar abatido, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
En cuanto a la pobreza y la bendición, en Santiago 2:5 se nos recuerda: “Escuchad, hermanos míos amados: ¿No escogió Dios a los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que prometió a los que le aman?” Este versículo resalta que la verdadera riqueza y bendición no radican en los bienes materiales, sino en la relación con Dios y la riqueza espiritual.
En contraste, la historia del joven rico, como se narra en Marcos 10:17-22, ilustra a un hombre que, a pesar de su gran riqueza y aparente obediencia a los mandamientos, no estaba dispuesto a seguir a Cristo al costo de sus posesiones terrenales. Jesús utiliza este encuentro para enseñar que la riqueza puede ser un obstáculo para entrar en el reino de Dios, especialmente cuando se coloca por encima de Dios, como se ve en Marcos 10:23-25.
Estos ejemplos y enseñanzas bíblicas subrayan que la verdadera bendición de Dios está en la fe, la obediencia y la búsqueda del reino de Dios por encima de las riquezas terrenales. Mateo 6:33 resume este principio: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. La verdadera medida de la bendición de Dios no se encuentra en la prosperidad material, sino en la riqueza espiritual y en la relación con Él.


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