“Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia.” 2ª Corintios 9:10 (RVR1960)
Este versículo está en el contexto de la generosidad y la confianza en la provisión de Dios. Pablo, al escribir a los Corintios, quiere recordarles que Dios, como el gran proveedor, no solo nos da los recursos necesarios para sobrevivir, sino también para compartir y multiplicar Su obra en nosotros.
La exégesis de este pasaje muestra que la generosidad, cuando está guiada por la voluntad de Dios, no solo satisface necesidades físicas, sino que también produce justicia y frutos espirituales, aumentando nuestra capacidad de bendecir a otros y glorificar a Dios.
Al analizar las palabras clave, «da» en griego (διδούς, didous) implica una acción continua de Dios en proveer. Él no solo provee de manera puntual, sino que sigue dando constantemente, demostrando que como mayordomos debemos confiar en Su suministro constante.
«Semilla» (σπέρμα, sperma) simboliza los recursos iniciales que Dios nos otorga, no solo en forma de bienes materiales, sino también espirituales, para que puedan crecer y multiplicarse.
La «siembra» (σπείρων, speirōn) es el acto de distribuir esos recursos, reflejando nuestra responsabilidad de usar sabiamente lo que el Señor ha puesto en nuestras manos.
El «pan» (ἄρτος, artos), como símbolo de provisión diaria, nos recuerda que todo lo que consumimos proviene de Él.
«Proveerá» (χορηγήσει, chorēgēsei) subraya Su generosidad infinita, mientras que «multiplicará» (πληθύνει, plēthunei) implica que cuando somos fieles en administrar lo poco, el Señor se encarga de aumentar Su provisión.
«Sementera» (σπόρος, sporos) es la representación de los recursos que ponemos en el suelo para crecer, y los «frutos» (καρπός, karpos) que resultan son los efectos visibles de nuestra justicia (δικαιοσύνη, dikaiosynē) en Cristo.
Un principio relevante de este versículo es que nuestro Señor Jesucristo, la fuente de todas las riquezas, nos llama a administrar con fidelidad lo que se nos ha confiado, sabiendo que Él es quien provee y multiplica.
Eso se conecta con otro versículo clave en Filipenses 4:19: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.» Como siervos del Señor, no debemos confiar en nuestra capacidad de gestionar Sus recursos, sino en Su poder de multiplicarlos para Su gloria.
Un ejemplo práctico de este principio se ve cuando administramos Su dinero con sabiduría, usando una parte para cubrir nuestras necesidades y otra para bendecir a otros.
Si apartamos una ofrenda de las ganancias para apoyar una causa misionera o ayudar a una familia realmente necesitada, estamos sembrando en el reino de Dios.
A medida que continuamos siendo fieles en esta práctica, no solo veremos cómo nuestras necesidades son cubiertas, sino también cómo el Señor multiplica lo que hemos dado, bendiciendo a muchos más.
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En resumen, estos principios de mayordomía financiera nos invitan a vivir confiando en la provisión del Señor, sabiendo que cada recurso que tenemos le pertenece a Él.
Nuestra responsabilidad como administradores es utilizar los bienes que nos ha confiado de manera que Su obra sea multiplicada y Su nombre sea glorificado.
Al aplicar estos principios en nuestra vida diaria, aseguramos que las finanzas honran a Dios, permitiendo que Su justicia florezca a través de nuestra generosidad.


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