“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo.” 2ª Juan 1:9 (RVR1960)
El versículo nos invita a reflexionar sobre la necesidad de permanecer firmes en la doctrina de Cristo, lo que implica no solo aceptar Su enseñanza, sino también vivir conforme a ella.
Desde la perspectiva de la mayordomía financiera, esta perseverancia requiere administrar los bienes que el Señor nos ha confiado de acuerdo con Su voluntad revelada en la Escritura, reconociendo que toda riqueza y provisión provienen de Él. El extraviarse, por otro lado, implica un alejamiento de los principios divinos, dejando que el pecado, como la avaricia o la falta de integridad, controle nuestras decisiones.
La palabra clave “persevera” en griego es menō, que significa permanecer, habitar o mantenerse constante. Este término enfatiza la estabilidad y la continuidad en la verdad de Cristo, incluyendo cómo administramos lo que nos ha encomendado. No perseverar en esta constancia puede llevar a malgastar las riquezas del Señor, desviándonos hacia usos egoístas o contrarios a Su propósito. Por el contrario, perseverar significa actuar con diligencia y fidelidad, recordando que como administradores, somos responsables de manejar las finanzas de manera que glorifiquen a Dios. Filipenses 4:19 refuerza este principio: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Jesús, fuente de toda riqueza, nos llama a ser mayordomos que dependan de Su provisión y sigan Su enseñanza en cada decisión financiera. Como Sus esclavos voluntarios, no podemos actuar de manera independiente, guiándonos por nuestros propios deseos. Al contrario, nuestros pensamientos y acciones deben estar sometidos a la voluntad de Dios, para evitar caer en el pecado de considerar los bienes terrenales como un fin en sí mismos.
Un ejemplo práctico de este principio es cuando un padre de familia decide enseñar a sus hijos a administrar el dinero que Jesús les ha encomendado, mostrando cómo separar una porción para el ahorro, otra para dar a la obra del Señor y otra para cubrir necesidades esenciales. Este acto no solo inculca principios bíblicos en la próxima generación, sino que también refleja perseverancia en la doctrina de Cristo al usar las finanzas como un medio para glorificar a Dios y fomentar la responsabilidad espiritual.
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En conclusión, perseverar en la doctrina de Cristo implica manejar las finanzas conforme a la voluntad de Dios, entendiendo que todo lo que tenemos nos ha sido encargado por el Señor para administrarlo con fidelidad.
Este enfoque nos ayuda a evitar el pecado de la idolatría por el dinero y a vivir como mayordomos responsables, glorificando a Cristo en cada aspecto de nuestra administración terrenal.

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