William Miller

El 22 de octubre de 1844, entre 50 mil y 100 mil seguidores del predicador laico William Miller se prepararon para lo que creían sería el “Día de la Expiación”, el día en que Jesús regresaría. Este evento, conocido como la Segunda Venida, había sido predicho por Miller basándose en sus interpretaciones de las profecías bíblicas, especialmente del libro de Daniel. Sin embargo, cuando ese día llegó y Jesús no regresó, se produjo un evento que más tarde sería llamado “La Gran Decepción” (The Great Disappointment).

William Miller, un agricultor convertido en predicador, había dedicado años al estudio profundo de la Biblia, especialmente en lo que respecta a las profecías apocalípticas.

Convencido de que había descubierto el momento exacto del retorno de Cristo, Miller comenzó a predicar a principios de la década de 1830, atrayendo a una gran cantidad de seguidores en los Estados Unidos.

El movimiento millerista creció rápidamente, con miles de personas que creían fervientemente en la inminencia del fin del mundo.

El Día de la Expiación y la Gran Decepción. Miller había identificado varias fechas en sus cálculos, pero finalmente llegó a la conclusión de que Jesús regresaría el 22 de octubre de 1844, coincidiendo con el Día de la Expiación judío. Esta fecha fue adoptada por sus seguidores, quienes se prepararon ansiosamente para lo que creían sería el cumplimiento de la promesa de Cristo de regresar en gloria.

El día en cuestión, muchas personas vendieron sus propiedades, abandonaron sus trabajos y dejaron atrás sus responsabilidades cotidianas para esperar el retorno de Jesús. Los milleristas se reunieron en campos y en sus hogares, esperando que el cielo se abriera y que el Salvador regresara.

Sin embargo, cuando el 22 de octubre llegó y pasó sin ningún acontecimiento extraordinario, la desilusión fue abrumadora. La esperanza de ver a Jesús en su regreso glorioso se desvaneció, y muchos experimentaron un profundo dolor espiritual y confusión.

William Miller, aunque devastado por el fracaso de su predicción, mantuvo su fe en Cristo y en la promesa de su inminente regreso. No obstante, culpó los errores humanos en la interpretación de las cronologías bíblicas por el error en la fecha.

Para muchos de sus seguidores, esta explicación no fue suficiente, y algunos abandonaron completamente la fe, sintiéndose traicionados y engañados. Otros, sin embargo, continuaron buscando respuestas.

El legado del movimiento millerista. A pesar de la Gran Decepción, el movimiento millerista no desapareció por completo. En los años posteriores, varios grupos surgieron de entre los seguidores de Miller, quienes buscaban una mejor comprensión de las profecías bíblicas.

Uno de los más importantes fue el movimiento que eventualmente dio origen a los Adventistas del Séptimo Día, una denominación cristiana que aún hoy en día cree en la pronta venida de Cristo y que celebra el sábado como día de descanso.

Los adventistas interpretaron la fecha del 22 de octubre de 1844 no como un error total, sino como un evento espiritual significativo. En lugar de ser el día del retorno visible de Cristo, lo entendieron como el momento en que Jesús entró en el Lugar Santísimo del santuario celestial para comenzar una fase final de su ministerio, conocida como el juicio investigador.

Esa interpretación teológica permitió a los adventistas seguir esperando el retorno de Cristo, pero con una comprensión diferente de lo que había ocurrido en 1844.

A pesar de su error de cálculo, William Miller siguió siendo una figura respetada entre aquellos que continuaron creyendo en la cercanía de la segunda venida de Cristo.

Hasta su muerte en 1849, Miller siguió afirmando su convicción de que Cristo regresaría pronto, aunque se distanció de las interpretaciones específicas de fechas. En su humildad, aceptó la responsabilidad por el error y se mantuvo fiel a su fe en las Escrituras.

Un impacto duradero. La Gran Decepción tuvo un impacto profundo en la historia del cristianismo en Estados Unidos, y especialmente en los movimientos adventistas que surgieron de ella. Si bien fue un momento de gran sufrimiento y confusión para muchos, también fue un catalizador para el desarrollo de nuevas interpretaciones y denominaciones dentro del cristianismo.

El énfasis en la cercanía del fin del mundo y en la importancia de prepararse para el regreso de Cristo ha continuado siendo una parte central de la teología adventista.

Este evento también sirve como un recordatorio de la importancia de la humildad al interpretar las Escrituras y de la necesidad de depender de la soberanía de Dios en el cumplimiento de Sus promesas.

La Gran Decepción es un ejemplo claro de cómo el fervor por la Segunda Venida de Cristo puede llevar a errores cuando las expectativas humanas se imponen sobre el misterio de los tiempos y las épocas que solo pertenecen a Dios.

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En conclusión, el 22 de octubre de 1844 fue un día decisivo en la historia religiosa de los Estados Unidos.

Lo que comenzó como una espera fervorosa y confiada en el regreso de Cristo terminó en profunda desilusión para miles de personas. Sin embargo, de las cenizas de esa decepción surgieron nuevos movimientos y nuevas comprensiones teológicas que aún hoy en día influyen en el cristianismo, particularmente a través de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

La historia de William Miller y sus seguidores es una lección de fe, esperanza y humildad en la espera de las promesas de Dios.

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