William Wilberforce; movimiento abolicionista

El 15 de marzo de 1796 (Historia Contemporánea), el Parlamento británico votó en contra de un proyecto de ley destinado a poner fin al comercio de esclavos, en una de las votaciones más significativas —y frustrantes— para el movimiento abolicionista liderado por William Wilberforce.

La derrota fue estrecha: 74 votos contra 70, una diferencia mínima que reflejaba tanto la creciente fuerza del movimiento antiesclavista como la persistente resistencia de aquellos con intereses económicos y políticos ligados a la trata de esclavos.

Esta votación se dio en un contexto de intensa campaña moral, política y religiosa para terminar con uno de los negocios más lucrativos y crueles del Imperio británico: el tráfico de africanos esclavizados hacia las colonias. 

Wilberforce, miembro del Parlamento y ferviente cristiano evangélico, llevaba años presentando argumentos éticos y teológicos en favor de la abolición. Su lucha no era meramente política, sino una causa de conciencia, profundamente enraizada en su convicción cristiana de que todos los seres humanos son iguales ante Dios y poseen dignidad por haber sido creados a Su imagen.

La derrota de 1796 fue especialmente dolorosa por la maniobra cínica y calculada de los opositores a la abolición. Sabiendo que la votación sería reñida, organizaron una estrategia para debilitar el número de parlamentarios presentes en favor de la causa. 

Distribuyeron entradas gratuitas a la premier de una ópera cómica en Londres, atrayendo así a varios diputados que, aunque simpatizaban con la abolición, prefirieron asistir al evento social. El resultado fue la ausencia de votos clave y el fracaso del proyecto de ley.

Este episodio ilustra cómo los intereses económicos, el entretenimiento superficial y la indiferencia moral podían unirse para frenar una causa justa. El comercio de esclavos no solo era una fuente de riqueza para muchos miembros del Parlamento, sino que también estaba integrado en la economía colonial británica, particularmente en las islas del Caribe y en sectores como el azúcar, el ron y el algodón.

No obstante, esta derrota no detuvo a Wilberforce, cuya tenacidad y fe lo llevaron a seguir luchando incansablemente en el Parlamento año tras año. Él mismo describió su misión como un llamado divino y, lejos de desanimarse por este revés, se dedicó a redoblar sus esfuerzos junto a otros miembros del Clapham Sect, un grupo de cristianos reformados comprometidos con causas sociales, entre ellas la abolición, la reforma moral, la educación y la expansión del Evangelio.

Finalmente, después de más de una década de lucha, el Parlamento aprobó la Ley de Abolición del Comercio de Esclavos en 1807, con una mayoría rotunda. Aunque esa ley no abolió aún la esclavitud como institución (eso se lograría en 1833), fue un paso decisivo en la lucha por la justicia y la dignidad humana, y marcó un hito en la historia del pensamiento cristiano-social en acción.

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La votación del 15 de marzo de 1796 permanece como un recordatorio de que las causas justas a menudo enfrentan resistencias prolongadas, a veces por razones tan triviales como el entretenimiento. 

Pero también muestra que la perseverancia, motivada por principios firmes y fe en Dios, puede revertir incluso las derrotas más amargas y transformar la historia

Wilberforce vivió para ver el fruto de su lucha, y su legado continúa siendo una inspiración para los defensores de la dignidad humana en todas las generaciones.

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