Concilio de Calcedonia

El 8 de octubre del año 451, se inauguró el Concilio de Calcedonia, un evento trascendental en la historia del cristianismo que tuvo como propósito principal resolver una controversia teológica fundamental sobre la naturaleza de Jesucristo. La cuestión giraba en torno a una doctrina promovida por Eutiques y sus seguidores, conocidos como eutiquianos o monofisitas, que afirmaban que Jesús no podía tener dos naturalezas, divina y humana, en una misma persona.

Contexto y Controversia. La doctrina de Eutiques sostenía que, en el misterio de la encarnación, la divinidad de Jesús absorbió su humanidad de tal forma que ésta quedó anulada. Esta creencia se expresó de manera metafórica, indicando que la humanidad de Cristo fue “como una gota de vino en el mar” en relación con su divinidad. En otras palabras, la humanidad de Jesús fue absorbida por su divinidad de una manera tan completa que perdió sus características propias, quedando Cristo con una sola naturaleza, la divina. Esta doctrina se conoce como monofisismo, derivada del término griego “mono” (uno) y “physis” (naturaleza).

La controversia sobre las dos naturalezas de Cristo no era nueva, y desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia había debatido y discutido sobre cómo entender la relación entre la divinidad y la humanidad de Jesús. Sin embargo, la enseñanza de Eutiques representaba una desviación significativa de las doctrinas establecidas, ya que negaba la plena humanidad de Cristo y ponía en duda la integridad de la encarnación. Esta perspectiva fue vista como una amenaza a la comprensión ortodoxa de Jesucristo y de la redención, pues si Cristo no era completamente humano, no podría redimir a la humanidad en su totalidad.

El Concilio de Calcedonia. Para resolver esta crisis teológica, el emperador Marciano convocó el Concilio de Calcedonia, el cuarto concilio ecuménico de la Iglesia. Obispos de todo el mundo cristiano se reunieron en Calcedonia, una ciudad cercana a Constantinopla (actual Estambul), con el objetivo de alcanzar un consenso y definir una declaración de fe que aclarara la naturaleza de Cristo de acuerdo con la doctrina apostólica.

Después de un riguroso debate y de revisar las enseñanzas de la Iglesia hasta ese momento, los padres del concilio declararon que la doctrina de Eutiques era herética. Condenaron la enseñanza monofisita al sostener que esta negaba la verdadera humanidad de Cristo y, por tanto, comprometía el entendimiento de la salvación. En su lugar, el concilio proclamó la Definición de Calcedonia, un documento que ha sido considerado como uno de los pronunciamientos más significativos en la historia de la Cristología.

La Definición de Calcedonia afirma que Jesucristo es “verdaderamente Dios y verdaderamente hombre,” y que posee “dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación”. En otras palabras, Cristo es completamente Dios y completamente humano, ambas naturalezas coexistiendo en una sola persona. Las dos naturalezas no se mezclan ni se confunden, pero tampoco se separan ni se dividen; están unidas de manera indivisible e inseparable en una sola persona.

Este documento se convirtió en la formulación doctrinal que estableció el entendimiento ortodoxo de la naturaleza de Cristo, definiendo a Jesús como una persona con dos naturalezas distintas pero unidas. Esta declaración equilibraba el reconocimiento de su divinidad y su humanidad, afirmando que en Cristo no hay pérdida ni absorción de una naturaleza sobre la otra. Este enfoque era fundamental para mantener la comprensión bíblica de la salvación, ya que Jesús, al ser completamente humano, podía representar y redimir a la humanidad, y al mismo tiempo, al ser completamente divino, podía vencer el pecado y la muerte.

Impacto y Legado del Concilio. La condena del monofisismo y la adopción de la Definición de Calcedonia marcaron un hito en la historia de la Iglesia, y este documento se convirtió en una piedra angular de la Cristología. La declaración del concilio fue vista como la culminación del esfuerzo de la Iglesia por comprender y definir la persona de Cristo, y ha sido ampliamente reconocida por las principales tradiciones cristianas (católica, ortodoxa y muchas ramas del protestantismo) como una guía autoritativa en asuntos de fe y doctrina.

Sin embargo, el Concilio de Calcedonia también generó divisiones, ya que algunas iglesias orientales, conocidas como las Iglesias Ortodoxas Orientales, no aceptaron la definición calcedoniana, sosteniendo una perspectiva monofisita o miafisita. Esta división resultó en el surgimiento de diferentes tradiciones cristianas, que aún hoy mantienen distintas interpretaciones sobre la naturaleza de Cristo.

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El Concilio de Calcedonia fue fundamental para definir la comprensión ortodoxa de la naturaleza de Cristo.

Al rechazar la enseñanza de Eutiques, el concilio preservó la creencia de que Jesús es completamente Dios y completamente hombre, una doctrina que se ha mantenido como una verdad central de la fe cristiana.

La declaración calcedoniana ha perdurado a lo largo de los siglos como una afirmación clara y profunda de la identidad de Cristo, guiando la fe y la práctica de la Iglesia desde el siglo V hasta nuestros días.

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